15 de Noviembre de 2018

Cancún

Lucía le puso sazón al ‘Proyecto Cancún’

La primera mujer en el destino, fue contratada para preparar comida a los trabajadores.

"A 15 kilómetros de Cancún fue instalado el primer campamento de trabajadores en 1968, en ese lugar estuvimos hasta que se acabó el agua, y luego nos llevaron rumbo a Puerto Juárez". (Ivett Ycos/SIPSE)
"A 15 kilómetros de Cancún fue instalado el primer campamento de trabajadores en 1968, en ese lugar estuvimos hasta que se acabó el agua, y luego nos llevaron rumbo a Puerto Juárez". (Ivett Ycos/SIPSE)
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Claudia Olavarría/SIPSE
CANCÚN, Quintana Roo.- Lucía Loría de Canché fue la primera mujer que llegó al destino cuando recibía el nombre de Proyecto Cancún, y asegura que no cambiaría nada de lo que pasó en esa época para llegar hasta aquí, porque eso permitió que sus hijos crecieran en un entorno natural y seguro.

Hace medio siglo la mujer fue educada para seguir a su marido a donde fuera, y éste fue el caso de la señora Luisa, a quien su apellido paterno pasó a segundo plano porque la gente la llamaba “Luisa Canché”, fue la cocinera de los hombres que abrieron brecha y prepararon el terreno para que Cancún y su pueblo de apoyo fueran edificados.

“La vida no es nada fácil, una madre tiene muchas responsabilidades, aquí llegamos mi esposo y yo con seis hijos, la menor de mis hijas aún no cumplía los dos años y así me aventé a trabajar en la cocina; mi esposo era chiclero y le dijeron que aquí venía un proyecto muy grande y que habría trabajo por mucho tiempo”, dijo.

"La menor de mis hijas aún no cumplía los dos años y así me aventé a trabajar en la cocina".

En los primeros meses de 1970, ya radicando en Cancún, se embarazó y su hijo nació en Cancún con ayuda de una comadrona llamada Flora, el menor no fue registrado porque no había Registro Civil, a las pocas semanas de haber nacido su hijo, quedó nuevamente embarazada del último, que igual es un varón, por lo que históricamente fue el segundo cancunense de nacimiento.

“Dios me bendijo porque mis niños nacieron aquí en mi casa y llegaron bien, al primer año de Cancún ya tenía a mi séptimo hijo, y el octavo llegó con el segundo año de creación de Cancún”, expresó.

De campamento en campamento

Quien fue contratado para trabajar en el destino turístico fue su esposo, ella sólo lo había seguido porque era su deber y para que estuvieran los dos al pendiente de los hijos, sin embargo, ella fue contratada para preparar los alimentos de todos los trabajadores sin importar rangos académicos.

“A 15 kilómetros de Cancún fue instalado el primer campamento de trabajadores en 1968, en ese lugar estuvimos hasta que se acabó el agua, y luego nos llevaron rumbo a Puerto Juárez, frente a lo que hoy es la Rehoyada,  ahí en donde está el edifico de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) levantaron el segundo campamento, ahí nos quedamos ocho meses, porque con el avance de obras nos hicieron uno nuevo en lo que hoy es el Palacio de Gobierno”, relató.

La cocina del tercer campamento fue más grande que las anteriores, porque ahí se preparada todos los días comida para 350 personas, incluida su familia, y alrededor de la cocina andaban sus hijos jugando cerca de su mirada supervisora, porque todo era selva y sólo había brechas.

"Vivía en el mismo campamento, todos los días preparaba
desayunos, comidas y cenas". (Ivett Ycos/SIPSE)

“Vivía en el mismo campamento, todos los días preparaba desayunos, comidas y cenas, y para los trabajadores que estaban lejos preparaba viandas, porque sólo se detenían para comer, hacer sus necesidades y descansar, el resto del tiempo todo era trabajo imparable”, explicó.

Los viernes la comida era más una botana porque los alimentos se preparaban con lo que sobraba, en sus memorias la entrevistada dijo que eran una gran familia, porque todos comían los mismo, no había preferencias, todos se conocían, por ello cuando había carne todos la comía, cuando eran sólo huevos igual era parejo, y el platillo lo llamaban “Huevos a la Cancún”.

“Recientemente salió publicado un libro en el que recordé que hacíamos una tortilla grande y dentro de ella metíamos los huevos, y los calificaron como las ‘pizzas del pobre’”, indicó.

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