10 de Diciembre de 2017

Opinión QRoo

Mala sangre

Los bancos de sangre de Playa del Carmen y Chetumal se desangran, heridos por una ineptitud burocrática inaceptable a estas alturas...

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Los bancos de sangre de Playa del Carmen y Chetumal se desangran, heridos por una ineptitud burocrática inaceptable a estas alturas, ya que en la Secretaría Estatal de Salud juran que son cosa del pasado las acciones más torpes y perversas.

Trabajadores del banco de sangre de nuestra capital me expusieron una situación tan inaceptable como absurda cuyo común denominador es la negligencia burocrática en mandos clave de la Secretaría de Salud, una dependencia que no puede darse el lujo de descuidar a tal grado estos flancos.

Según los empleados, desde hace meses el banco de sangre del hospital general de Playa del Carmen no cuenta con una centrífuga refrigerada que sirve para el fraccionamiento de los componentes de la sangre; la centrífuga se echó a perder y en ese estado permanece, sin que alguien mueva un dedo. Y como no hay recursos en la Secretaría Estatal de Salud, el banco de sangre de Chetumal tiene que apoyarlos.

“Por ese motivo y por la urgencia, nosotros les mandamos de inmediato nuestras sangres ya procesadas, pero nosotros quedamos por muchas horas sin unidades disponibles en Chetumal”.

La situación se complicó hace una semana, cuando se quedaron en el banco de sangre sin reactivos para realizar los análisis de sangre de los donadores, para descartar VIH y hepatitis, principalmente. “Esto ocurre porque la SESA no ha pagado a los proveedores de reactivos, y por ello dejaron de surtir los materiales”, precisan los trabajadores.

“Y se les hizo muy fácil pedir apoyo al Banco de Sangre de Campeche para que analice la sangre de los donadores. El proceso atrasa la llegada de los resultados de los análisis de donadores, dejando al Banco sin sangre disponible, como la más utilizada: la O positivo”, exponen.

Los trabajadores responsabilizaron al administrador del Banco de Sangre, Gustavo Antonio Aguilar Elías, cuya destitución ya solicitaron los empleados, hartos de su prepotencia e ineptitud.

La exigencia no es sólo laboral, porque abarca a miles de pacientes con sus familias que ignoran este tipo de descuidos criminales en un sector salud donde no se cansan de decir que los malos de la película ya reposan en montañas de estiércol, a salvo de la acción de la justicia.

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