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Una de las partes más difíciles de hacer arte en cualquiera de sus expresiones el tomar la decisión de reconocer que el trabajo, la obra, la partitura, la escultura, la pintura, el texto y demás está terminada. Muy complicado. Nos volvemos sumamente críticos de nuestra obra, nos sale ese sentido de perfeccionismo que siempre encuentra puntos negros, cosas que corregir; y muchas veces cometemos el error echar a perder algo realmente maravilloso. Lo he visto con artistas plásticos teniendo una obra maravillosa, empiezan a echar pinceladas de otros colores queriendo corregir algo que nadie notaría y sin embargo ellos lo ven mal y acaban prácticamente desbaratando la obra y dejando un resultado patético al grado de tener que empezar de cero. Nos pasa a los músicos cuando montamos una obra y arreglamos una introducción, desarrollamos, el tema principal, la segunda parte, el final y en ocasiones queremos dejarlo tan original que en lugar de parar, seguimos cambiando una y otra vez al grado de dejar la partitura por la paz y ejecutamos otra cosa. En el caso de los poetas o escritores no es distinto. Cuando el trabajo era realizado a mano o con máquina de escribir, entraba uno a su lugar de creación y encontraba uno montañas de papeles echos bola de todo lo que no les había agradado. Ahora con el uso de la tecnología ya no hay papeles como testigos de tanto cambio y se queda todo en un simple suprimir la idea por otra con una simple tecla sin dejar huella. No me imagino lo que le pasará a un escultor con su pieza de mármol o madera. No tengo idea de todo lo que vivirán durante sus creaciones. Seguramente difícil. Comentan que alguien le preguntó a Miguel Ángel Buonarotti como le había hecho para realizar el afamado David (una de sus obras maestras), contestando que él solo le había quitado a la pieza de mármol lo que le sobraba de piedra de la idea que él tenía concebida. Eso es todo. ¿Qué fácil suena eso verdad? Pero la realidad es muy distinta a esta anécdota con la mayoría de los artistas. ¿Cuándo parar? ¿Cuándo decir ya está listo? ¿Cuándo aceptar que quedo bien o muy bien? Esa respuesta es incontestable. No tiene respuesta y me viene a la mente una frase de mi abuela Laura que dice así: Existen tres tipos de personas en la vida, los buenos, los malos y los artistas. Hasta la próxima semana.