10 de Diciembre de 2018

Quintana Roo

“El problema es mayor cuando tienes manos y después las pierdes”

No tiene manos, pero toca el tambor en las calles buscando ser inspiración de trabajo para otros.

Carlos Pérez Sánchez, llegó a Cancún llevando, a través de la música, el ejemplo de que todo es posible. (Consuelo Javier/SIPSE)
Carlos Pérez Sánchez, llegó a Cancún llevando, a través de la música, el ejemplo de que todo es posible. (Consuelo Javier/SIPSE)
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Rubí Velázquez/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- Con la ideología de “inspirar a trabajar” y no sólo a estirar la mano esperando que las cosas lleguen solas, es que Carlos Pérez Sánchez, llegó a Cancún llevando a través de la música, ejemplo de que todo es posible, ya que toca el “tom” (tambor pequeño de la batería), sin tener manos.

“Si estoy aquí es porque todos mis conocidos hablaban de Cancún como algo maravilloso y decidí comprobarlo y que mejor compartiendo lo que amo hacer; tocar música”, es lo que respondió el hombre de 42 años a la interrogante del porqué había escogido este lugar para visitar.

La vida de Pérez Sánchez ha estado rodeada de sin sabores, pero en cada caso, a su parecer, el destino le ha otorgado una compensación favorable, “después de la tormenta viene la calma”.

Dejando de ejercer presión entre sus brazos y su pecho, soltó los dos palos de madera y de diferente tamaño que simulan ser sus baquetas, para presentarse y comenzar a platicar su historia.

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Nació sin manos

Recordó no tener presente de niño, alguna plática o revisión médica en donde le explicaran sus familiares el por qué nació sin manos, pero para él, eso no fue un problema, ya que nunca contó con ellas y por ende no las ha extrañado o extrañará jamás.

“El problema es mayor cuando tienes manos y después las pierdes, así que yo sólo aprendí a vivir con las críticas de algunos y las miradas morbosas de otros”.

“Los que hacen eso, sí reciben dinero, pero también la lástima o compasión de los demás y eso es denigrante”, dijo.

Aunque humilde, su familia nunca lo menospreció o limitó, además de que la situación económica demandaba que todos los integrantes de la familia trabajaran por igual en cualquier actividad, pero honradamente.

Aún en la adolescencia, una tarde caminando sin rumbo fijo, se despertó su interés por la música al escuchar a lo lejos la música de una canción, y desde ese momento, en sus ratos libres acudía a parques cercanos a su hogar, para observar a algún solista, dueto o trío que deleitara a los asistentes con su melodía y de recompensa por llevar lo que calificó como: recuerdos y alegría, le otorgaran una moneda.

“Esto también es un trabajo y en muchos de los casos puedes ayudar a los demás”, fue lo que escuchó a los 15 años en voz de “El Grande”, apodo que tenía uno de los músicos más veteranos de su región y quien le enseñó a tocar su primer instrumento; la flauta.

Llegó el amor 

Un día conoció en la “Plaza Gaviotas” a su “amor”, mujer de la se negó a dar su nombre, pero con la que tiene cuatro hijos, todos radicados en su ciudad natal, misma de que él salió en febrero para con la intención de conocer otros lugares del país y demostrar que “no hay límites para trabajar en lo que te hace feliz”.

Platicó que en la actualidad muchas personas con alguna discapacidad, enfermedad o condición, que no realizan ninguna actividad productiva por que es mucho más sencillo, sólo estirar la mano y pedir una moneda.

“Los que hacen eso, sí reciben dinero, pero también la lástima o compasión de los demás y eso es denigrante”, dijo.

“Es mejor que te ganes una moneda haciendo feliz a alguien, eso siempre tendrá una buena paga, aunque no siempre se trate de dinero, puede ser una sonrisa, un consejo o una buena plática”.

Asimismo recalcó que el simple hecho de que escuchen la música que él toca, ya cuenta como una forma de pago y que lo hace con gusto.

Fue así que apoyándose con sus piernas subió los palos de madera hasta su estómago y comenzó a jalarlo ascendentemente hasta con su brazo, para después oprimirlo con fuerza con su pecho y con la armónica en la boca, comenzó a tocar la melodía titulada “Caminos de Michoacán”, mientras que la gente que pasaba por el lugar, le otorgaba una moneda y una sonrisa.

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