La barbarie saudita y las manos atadas

Los sátrapas no tienen vergüenza, no tienen límites, su moral es la del dinero y su brújula es la del poder

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Los sátrapas no tienen vergüenza, no tienen límites, su moral es la del dinero y su brújula es la del poder sin discusión. La crítica a la barbarie medieval y de corte tribal de la dinastía gobernante de Arabia Saudita llevada a cabo por el periodista Jamal Khashoggi le acabó costando la vida. El terrorismo de estado de una monarquía mafiosa y ladina se encargó de orquestarle un suplicio digno de la más sórdida película de mafia de Tarantino. Fue torturado, golpeado y asfixiado, luego de su dolorosa y salvaje muerte fue desintegrado en ácido y esparcido en el jardín del consulado saudí en Turquía a donde había acudido inocentemente y como cualquier ciudadano a tramitar un pasaporte. Su angustiada prometida se quedó fuera del consulado sin ver a su novio salir por horas antes de avisar a las autoridades turcas y desatarse uno de los más lamentables escándalos de los últimos tiempos.

Según recientes informes de la CIA, el asesinato vengativo a cruel de Khashoggi fue ordenado por el mismísimo príncipe saudí Mohammad Bin Salman, el heredero al trono de sangre de la problemática y bestial tiranía saudí. Y una vez más el mundo se tiene que cruzar de brazos ante la impunidad de un estado sólo porque es rico. Las sanciones al reino saudí son en el mejor de los casos una tibieza de bebé comparado a lo que merecen por semejante salvajada. Poderoso caballero es Don Dinero, diría Quevedo, nadie quiere hacer enojar o entrometerse con los amos del crudo. Por su parte los Estados Unidos no pueden tampoco siquiera pensar en oponerse de manera oficial porque en medio del polvorín que es el Medio Oriente, los saudíes saben jugar su carta de inmunidad apoyando el establecimiento de bases militares indispensables para el mantenimiento de la paz en la zona y la garantía de subsistencia del estado israelí.

Nos insultamos porque en Venezuela, Cuba y Corea del Norte no hay libertades mientras occidente se tiene que quedar estático ante el atropello a los derechos de las mujeres y de los opositores en Arabia Saudita y otros estados similares. Pero no queda remedio, no se puede sacrificar la estabilidad de toda una región para castigar a un régimen. Habrá que conformarse con fustigar sólo a los que no afectan a terceros o su subsistencia no sea garantía de la nuestra como civilización. Somos rehenes de un mundo injusto y parcializado y no nos queda más remedio que permanecer con las manos atadas. Sólo nos queda expresarles nuestro desagrado como cultura y costumbres. Sí, fueron la cuna de la civilización, pero no han evolucionado desde el medioevo.

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