11 de Diciembre de 2018

Opinión QRoo

El regreso de la posverdad

Las benditas redes sociales revelan mejor que ningún otro escenario el costo político

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Las benditas redes sociales revelan mejor que ningún otro escenario el costo político que se pagará en el próximo gobierno a costa de la tranquilidad mental dentro y fuera de línea.

 

Desde la eterna campaña electoral, ha sido en internet donde se libran las más feroces batallas entre apologistas y críticos de la así llamada #CuartaTransformación, y especialmente, respecto a los temas torales o el asunto político del momento.

 

La crispación ha llegado a tal nivel que se hace necesario recordar que sea cual sea el bando al que se pertenezca, todos estamos expuestos a la amenaza de la posverdad, mejor conocida como las #fakenews.

 

¿A qué debemos el regreso (si es que alguna vez se fue) de esta desdeñable práctica? Tal vez creímos que las noticias falsas sólo servían para convencer en tiempo electoral, sin embargo, dado el nivel de crispación, ahora se ven “necesarias” para mantener los ánimos caldeados en redes sociales: son la gasolina que mantiene viva la llama de la lucha necesaria para dividir al mundo digital en fifís y chairos.

 

Esto tiene una justificación muy sencilla en nuestra Historia, y que el mismo #AMLOenTercerGrado uso: los líderes necesitan de un enemigo para justificar sus planes, sus acciones y objetivos. No puede existir el usuario sin el bot, la información sin spam, el liberal sin el conservador o la verdad sin la #fakenews.

 

Aún en las benditas redes sociales es necesario apuntar al contrario, lincharlo y provocarlo hasta que incumpla la regla de oro de cualquier usuario: no alimentar al troll y con ello, ser víctima de sus propias pasiones para convertirse en uno más de la “loca academia activista”, sea del bando que sea, pues si algo demostró la campaña y el período de transición, es que no importa la verdad, sino quien logre más retweets a una mentira.

 

Nos disculpara el detentador de la honestidad valiente, pero es innegable que su actuar previo a la toma del poder el 1 de diciembre, ha sido todos menos unificadora. Si algo ha hecho @lopezobrador_ desde el 2 de julio es alimentar el odio de sus enemigos y la incredulidad de los millones de mexicanos que no sufragaron en su favor. Pero tal vez sin quererlo, el presidente electo también ha creado un vacío entre sus seguidores, pues en tan solo una semana ha puesto “patas arriba” a sus defensores digitales.

 

Desde la militarización, pasando por la consulta innecesaria y con preguntas a modo sobre el #TrenMaya y otros programas, concluyendo con la (ahora sí literal) amnistía a los corruptos; el próximo presidente borró de su discurso –no así los tweets- partes torales del discurso en campaña, de los retwetts que provocó bajo la idea de aliviar agravios y componer entuertos: vamos, que de buenas a primeras, AMLO parece que pasó de hacerla de Don Quijote a convertirse en uno más de los molinos de viento que juró arrasar.

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