10 de Diciembre de 2018

Opinión QRoo

Basurero electoral del PRI

Quintana Roo para el Panal… ¿de veras seguimos siendo para las jerarquías de los partidos en la Ciudad de México...

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Quintana Roo para el Panal… ¿de veras seguimos siendo para las jerarquías de los partidos en la Ciudad de México algo así como una colonia penal para reciclar los despojos de las alianzas vergonzosas?

Tal vez sea porque su población apenas supera el uno por ciento de la total del país, por su carencia casi total de figuras a nivel nacional o por la generalizada escasez de cuadros locales dentro de la clase política, pero Quintana Roo sigue siendo algo así como la solución práctica para solventar los acuerdos cupulares en el centro del país, sin importar el destino del estado y su representación en el Congreso de la Unión.

No hay peso electoral no sólo por cuestiones demográficas, que nos caracterizan como una nadería en el padrón de votantes, sino porque la relevancia económica del estado que dota el turismo tiene poca o ninguna relación con el acontecer político, así que nadie tiene prurito alguno por utilizarnos como moneda de cambio para los arreglos partidistas, como bote de basura para los despojos que hay que procesar antes y después de las competencias comiciales.

El PRI, que sigue aliado con el PVEM, le franquea la puerta al casi inexistente Panal y a la hora de la repartición resulta que la candidatura al senado correspondiente a Quintana Roo será para el partido de Elba Esther Gordillo, que al momento “casualmente” consiguió la prisión domiciliaria al establecerse la alianza.

Salvo el diputado Carlos Gutiérrez García, no hay un solo militante de ese pseudopartido en la entidad que por sí solo esté a la altura siquiera de los más humildes puestos de elección popular del patio.

Queda bien claro que al PRI no le interesa perder sus posturas en la cámara alta por Quintana Roo porque el estado, hasta hace pocos años bastión tricolor, tampoco importa en esta elección, como no sea en calidad de cambalache para amarrar ese puñado de votos –los de otras latitudes, donde acaso el Panal no sea tan minúsculo– que pudiera volverse importante si acaso el 1 de julio la fotografía final muestra un panorama cerrado, lo que no parece probable pero tampoco imposible, pues el enorme favorito Andrés Manuel López Obrador hace años alcanzó su techo electoral y tenderá a descender, no se sabe si a favor de la coalición Por México al Frente, del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano que encabeza como precandidato a presidente Ricardo Anaya Cortés, que por cierto, como muy mal presagio, el fin de semana ya se cayó en Nuevo León, Morelos y Chiapas –estados que no se disciplinan tan fácil como Quintana Roo–, o de José Antonio Meade Kuribreña, que sin ser priista y con el muy probable apoyo de muchos panistas hostiles al exlíder queretano, encabeza a la otra alianza y –lo decimos con las reservas que hemos aprendido sobre las firmas de medición de opinión– Consulta Mitofsky recién lo señaló como en crecimiento a costa de Morena.

No vemos al capítulo estatal del PRI defendiendo a sus militantes, que acaso como el propio líder estatal Raymundo King de la Rosa –cero a la izquierda– querían competir por un escaño en el inmueble de Paseo de la Reforma 135; los dos liderazgos reales, con poder contante y sonante del PRI –los exgobernadores Félix González Canto, senador, y Joaquín Hendricks Díaz, él mismo declarado aspirante e impulsor de su hija, la diputada Leslie Hendricks Rubio– están siendo groseramente ignorados por el presidente nacional Enrique Ochoa Reza.

Alexander Zetina Aguiluz y Emilio Jiménez Ancona, los dos presidente municipales emergidos del Panal en el estado, han hecho gobiernos totalmente anodinos en dos de los municipios más pobres pero no es imposible que logren reelegirse a la sombra del PRI, que tendrá que tragarse la traición del diputado turquesa Javier Padilla Balam, que entregó la mayoría legislativa a la alianza PAN-PRD avasallado por la notable fuerza del “cambio” que encabezó el actual gobernador Carlos Joaquín González.

El candidato –más bien candidata– será una sombra perdedora, más lo que pase en el estado no importa, pues somos un vil y triste basurero electoral.

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