12 de Diciembre de 2017

Opinión QRoo

Panistas y perredistas no compiten en Chetumal

Por muchos años PAN y PRD fueron la oposición más protagónica en Quintana Roo, pero nada hicieron por su cuenta...

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Por muchos años PAN y PRD fueron la oposición más protagónica en Quintana Roo, pero nada hicieron por su cuenta –visión estratégica con figuras propias y trabajo de campo– para lograr el sonado y soñado triunfo electoral del cinco de junio de 2016. El ex gobernador Roberto Borge provocó la catástrofe del tricolor, aprovechada paso a paso por el gobernador Carlos Joaquín que encabezó a un ejército conquistador incluso de la capital del estado, con el ex priista Luis Torres Llanes como candidato “importado”.

Esta oposición de aquellos ayeres ha restado importancia a un ingrediente que posibilitó el triunfo de Carlos Joaquín: el hartazgo de priistas que sin renunciar a su partido se lanzaron en avalancha a las urnas; otros priistas han formado parte del equipo del gobernador, dejando su militancia colgada en el perchero y sin aceptar corbatas blanquiazules o negro amarillas.  

En la capital del estado el PAN y el PRD no pueden crecer porque sus figuras son muy débiles y sin poder de convocatoria. Su figura más fuerte ha sido el ex diputado local Mario Rivero Leal, Secretario General del partido que en la elección de 2008 le disputó la alcaldía capitalina al priista vencedor Andrés Ruiz Morcillo.

Los diputados panistas Mayuli Martínez Simón y Fernando Zelaya Espinoza tienen permiso para hacer campaña anticipada, pero carecen del vigor que seduce a los potenciales votantes que por tradición han votado por priistas, incluso cuando acaban de abandonar el nido como ocurrió con Luis Torres Llanes.

El PRD está peor porque su única figura chetumaleña es el profesor Roger Peraza Tamayo, quien ocupa la Secretaría General del Ayuntamiento. La falta de figuras amarilla fue provocada por el irresponsable y prolongado abandono de su dirigencia estatal monopolizada por Cancún, por lo que hoy encontrar a un perredista capitalino competitivo es misión imposible.

El perredismo se niega a enderezar el rumbo y sigue refugiado en Cancún, manteniendo a pan y agua a su militancia que en esas condiciones no puede parir liderazgos a la altura de los desafíos electorales. Por ello este partido desempeñará el papel de observador pasivo en la próxima batalla del tres de junio de 2018.

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