Sin habitación propia

Después de varios meses preguntándome por qué mis ingresos laborales no me permitían mejorar mis...

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Después de varios meses preguntándome por qué mis ingresos laborales no me permitían mejorar mis condiciones de vida como una mujer adulta e independiente, me dispuse a reflexionar que sobre qué estaba sucediendo, tal vez estaba gastando más de lo que podía, o mis necesidades básicas absorbían mi sueldo al grado de que ni siquiera me permitían ahorrar, e incluso, asumí la culpa de que era resultado de la mala administración de mis recursos. Pero un poco después, caí en la cuenta que no era la única y que en realidad a las mujeres nos ha costado mucho más poder alcanzar la libertad económica y lo que de ella resulta, sin embargo, descubrí que a pesar de los logros del sexo femenino por la igualdad laboral, remuneración y oportunidades de acceso al campo laboral, la subsistencia personal sigue siendo una preocupación sin luz al final del camino.

Este acto introspectivo me hizo recordar el ensayo literario-político de Virginia Woolf titulado “Una habitación propia”, en él la autora manifiesta con determinación que si la mujer lograra la emancipación económica y tener una habitación propia seguramente tendría mayor oportunidad de dedicarse a objetivos superiores, en el caso particular, al de escribir. En el texto analiza sus experiencias personales que le permitieron percibir las limitaciones que se le han impuesto a la mujer para conseguir y preservar su autonomía en todos los aspectos de la vida. A casi 100 años de la publicación de la obra como bien lo manifiesta su homóloga mexicana Margarita Glantz “muchos de los problemas que Woolf plantea en su ensayo siguen sin resolverse no sólo en la escritura, sino en todos los ámbitos de la realidad”. Y eso es precisamente lo que concierne, que a pesar del tiempo y contextos distintos, la incertidumbre que acompaña al género femenino con respecto a la solvencia económica continúa sin lograr mitigar la crisis que permanece aún con los derechos, avances institucionales y sociales obtenidos.

Esta cuestión me llevó a evaluar sintéticamente en qué estado económico se encontraban las mujeres actualmente, según el Inegi (2021) la tasa de participación económica de las mujeres creció 15.7 puntos porcentuales en los últimos 10 años, asimismo se destaca su contribución en el sector terciario con más del 50% de la población ocupada, esto es significativo ya que es el sector que más aporta al PIB nacional, siendo pilares de la economía mexicana, sin embargo, este beneficio no se refleja en el ingreso que percibe, siendo mayormente inferior a los de hombres. Por esta razón, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) manifiesta que en crisis económica el efecto será siempre más agresivo para las mujeres.

En definitiva ya no vivimos en la época de Virginia en donde seguramente la realidad debió haber sido más ardua para las mujeres, hoy podemos tener acceso al trabajo y educación, no obstante, aún no podemos conseguir ingresos dignos, ni siquiera una habitación propia, esto quiere decir que a pesar del camino recorrido por las luchas feministas, las mujeres trabajadoras deberemos insistir para mejorar nuestras condiciones dentro de la estructura económica, como lo hicieron nuestras antecesoras.

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