18 de Diciembre de 2017

Opinión QRoo

Sinvergüenzura

En el marco del inicio de la temporada vacacional la Secretaría estatal de Turismo (Sedetur) puso en marcha...

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En el marco del inicio de la temporada vacacional la Secretaría estatal de Turismo (Sedetur) puso en marcha el Decálogo del Buen Turismo, con el cual exhorta, a todos los partícipes, a generar experiencias satisfactorias para quienes visitan Quintana Roo. Una iniciativa más, como antaño fueron los manuales de conducta o las guías de buenas prácticas.

Son consignas bienintencionadas muy oportunas, no solo por la fecha, sino porque el más reciente ránking de la Organización Mundial del Turismo, que sitúa a México en la octava posición, obliga a seguir mejorando. Pero no dejan de ser un simple llamado a la sensatez en tiempos de mayor bonanza, cuando muchos sacan los colmillos, afectando la imagen que tanto ha costado construir y reconstruir.

El Decálogo establece: procurar la feliz estancia y esparcimiento de turistas y visitantes fomentando experiencias memorables; incentivar el trato cordial y amable; asegurar la protección de los turistas y visitantes, tanto en sus personas como en sus bienes, así como proveer un sistema de información para la prevención, protección y seguridad.

Asimismo, garantizar la calidad e higiene de los alimentos y bebidas en los centros de consumo; mantener un destino turístico limpio en sus playas, áreas de recreación y espacios públicos; apoyar en las gestiones para un acceso rápido y fácil, además de promover que la movilidad genere equilibrios positivos en términos de derrama y beneficio social.

Por último, respetar la integridad de hombres y mujeres promoviendo los derechos humanos, especialmente hacia grupos de niños, personas mayores y personas con discapacidad, así como respetar las tarifas y precios contratados, cumpliendo los compromisos estipulados de cada uno de los productos y servicios ofrecidos.

El problema ha sido que los malos hábitos y las malas rutinas, en combinación con la idiosincrasia (entendida como característica “hereditaria” que define el carácter distintivo de un colectivo), no han podido superarse con multas y condenas, menos con “buena onda”, ya que los que trabajan a contrapelo parecen multiplicarse.

Y es que perduran realidades incómodas: taxistas que siguen peleando entre ellos o con sus competidores; restaurantes con pésima higiene incluso en el primer cuadro; vendedores sinvergüenzas en mercados; guías que enseñan con falsa información o datos imprecisos, lo mismo que hoteleros sin ganas de aportar y hombres de negocios sin interés por compartir.

En algo hay plena coincidencia: para la dependencia encabezada por Marisol Vanegas, como para una mayoría, “el turismo es de todos y para todos” y “tan importante es el servicio de un taxista como la mejor línea aérea; el montaje de una mesa como la experiencia de un turista en un spa, o la labor de un guía en una zona arqueológica como el servicio de concierge en el mejor hotel”.

Las ideas se corroboran con sugerencias y son capitales que solo ganan intereses en manos del talento. Por lo tanto, a sumar esfuerzos, escuchando a los que más pueden, pues a veces el sentido común es el menos común de los sentidos.

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