21 de Agosto de 2018

Opinión QRoo

Las ambiciones sucesorias

Son adictos casi todos los políticos y “servidores” públicos.

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El vicio de la ambición, del que son adictos casi todos los políticos y “servidores” públicos, ha dejado sentir sus nocivos efectos en los procesos internos de los partidos aliados del gobernador Carlos Joaquín González, pues varios grupos de poder han incidido en la toma de decisiones pensando en el muuuuy lejano proceso de 2022, cuando estará de nuevo en juego la gubernatura estatal. 

Y es que en la ensalada de fuerzas políticas de la coalición “Por Quintana Roo al Frente” todo mundo quiere llevar agua a su molino, algunos pensando solo en seguir disfrutando las mieles del poder en el corto plazo, mientras que otros, los más avezados, hacen cálculos agoreros para estar en posición favorable en la antesala de la sucesión. 

No son las combativas tribus del PRD, ni las huestes de Eduardo Martínez Arcila en el PAN los más interesados en el futuro, no. Por su estrechez política, ni amarillos ni azules tienen la altura de miras para pensar en el mañana y solo están enfocados en cuidar su parcela en el presente, viviendo anclados en el hoy. 

Es, curiosamente, en el entorno más cercano al mandatario, en su círculo primario, donde los demonios de la ambición están desatados, provocando serias fricciones entre quienes –se supone– tendrían que estar cuidando el proyecto de gobierno de Carlos Joaquín González. 

El poderoso grupo del súper asesor Juan de la Luz Enríquez Kanfachi, que sigue expandiendo su influencia dentro del gabinete gubernamental, hizo todo lo que estuvo en sus manos por incidir en las definiciones de candidatos tanto en el PAN como en el PRD pensando en quitarse escollos del camino para el 2022, y no en garantizar la gobernabilidad para Carlos Joaquín González que apenas entra en la etapa de consolidación de su gobierno. 

En el polo opuesto, el ex jefe del despacho del gobernador y fundador del partido “joaquinista” Confianza Por Quintana Roo, Miguel Ramón Martín Azueta, hizo lo propio operando para favorecer, por supuesto, su propio ascenso político, pero también para colocar candidatos afines y cerrar el paso a quienes considera potenciales rivales para la lejanísima sucesión. 

Los “joaquinistas” más encumbrados mostraron el cobre en este proceso y le faltaron el respeto al propio Carlos Joaquín al estar pensando ya en su sucesión cuando apenas lleva un año y medio de gobierno, momento en que toda la artillería debería estar alineada a fortalecer el proyecto de gobierno que aún no termina de despegar, y no en satisfacer sus intereses particulares.

Cuidado, porque el gobernador ha dado ejemplo de respeto y prudencia en este proceso electoral en ciernes abriendo el abanico de la democracia y dialogando con candidatos tanto de su coalición como de otras fuerzas políticas, tejiendo relaciones que a la postre pueden desplazar a los ambiciosos adelantados que lo rodean.

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