14 de Diciembre de 2018

Opinión

3 toros 3

La Ley 3 de 3 no acabará con la corrupción, pues busca su castigo a posteriori y sólo por métodos indirectos.

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Mal, muy mal, se han visto los senadores del PAN al convertir la cámara suprema en un tribunal de la Santa Inquisición, donde, en improvisado juicio sumario, llamaron a cuentas a quienes votaron las modificaciones a la panacea anticorrupción conocida como “Ley 3 de 3”. Antes criticaban a los legisladores que votaban por consigna del Ejecutivo o de sus jefes partidistas y ahora pretenden el voto unánime y conforme a su punto de vista o sus intereses.

Sobre todo si consideramos que fueron ellos quienes convenientemente abandonaron la sesión, ¿de manera deliberada?,  para permitir que se redactaran las modificaciones  que suprimían la obligatoriedad de hacer públicas las 3 declaraciones de los funcionarios, lo que le reprocharon a los demás partidos.

Mal, muy mal, se vieron los ilustres miembros de la iniciativa privada que inusitadamente  “tomaron” el Angel de la Independencia, con pancartas y toda la cosa, aparcando ahí sus limusinas, para realizar una protesta digna de las mejores causas: impedir que se les aplique la Ley Anticorrupción, que con tanta enjundia presionaron para que le fuera recetada a los servidores públicos, en contra de la conclusión lógica de que no hay corrupto sin corruptor; que tan corrupto es el burócrata que exige una  mordida, moches en términos panistas, como el empresario que la ofrece. Jalan la pata, pero no quieren ser sancionados.

Y es que mientras los empresarios quieren eludir el castigo por sus negocios espurios con el poder, los del PAN se obstinan en que sean el gobierno y los otros partidos quienes absorban  totalmente el costo político por expedir una ley, según ellos, descafeinada.

Tamaña hipocresía, tan característica de nuestra vernácula política, tiene su infame precedente en la aprobación de la Ley del Fobaproa, diseñada por el PAN para beneficiar a los banqueros a punto de quiebra, pero contra la cual votaron los del blanquiazul, aunque no en la medida suficiente para impedir su aprobación, o ausentándose a la hora oportuna. Los costos políticos fueron endilgados por el PAN y el PRD, de AMLO, al PRI. Porque aquí no se cabildea para hacer mejores leyes sino para decidir quién paga los platos rotos.

No obstante, en mi perspectiva, tanto el Fobaproa como la Ley Anticorrupción como está constituyen un mal necesario. La actitud de los empresarios lo prueba.

Porque la Ley 3 de 3 no acabará con la corrupción, pues busca su castigo a posteriori y sólo por métodos indirectos: hay que esperar que el funcionario cometa el delito y luego aguardar ingenuamente que en su próxima declaración incluya el monto del fraude. Sus socios de la iniciativa privada quedarán impunes, lo que consiguieron con su plantoncito, al estilo CNTE.

Para acabar con la gran corrupción hay que transparentar las licitaciones, hacer que en ellas participen empresas internacionales y romper con la red de corrupción donde los empresarios se van turnando para adjudicárselas.

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