23 de Octubre de 2018

Opinión

A media copa de placer

Con un aroma profundo a Chardonnay que ha pasado 14 meses en barrica, “Flor de Bruma” se presento ante mí...

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Con un aroma profundo a Chardonnay que ha pasado 14 meses en barrica, “Flor de Bruma” se presento ante mí y despertó mis sentidos. Así fue como a raíz de probar la diversidad de etiquetas que produce México en sus diferentes valles, desde blancos hasta tintos, mi interés personal crece cada día con el propósito de compartirles experiencias y curiosidades de la industria vinícola que se transforma pero que al mismo tiempo se enfrenta a retos y problemáticas más comunes de lo que parece.

¿Qué le hace falta a México para que su población consuma vino? Por un lado, dejar atrás los mitos que existen alrededor de está bebida que se produce en tierras fértiles del país,  de la mano con especialistas que trabajan cada minuto sus terruños para producir a pesar de los cambios climáticos y las bacterias que se originan en los suelos, y por otra parte, es necesaria la demanda de los consumidores, pues somos un país que prefiere pedir un vino extranjero que atreverse a probar algo de su tierra, y esto no lo digo con el afán de que se piense que todos somos así, pero en el camino de las catas, cenas y platicas de vino, me he encontrado con mexicanos que desprecian y hasta minimizan la calidad que se ofrece en los Estados productores de esta bebida espirituosa. La actitud de pedir una copa de vino nacional ayudaría a la industria de nuestras propias zonas vinícolas.

No soy una experta en el tema, ni sommelier ni enóloga; soy una simple consumidora y mujer fascinada por este mundo, por ello pretendo solamente interesarlos en desarrollar el gusto por el vino.

Les comparto que precisamente hace unos días en una cata de una casa vitivinícola  mexicana denominada Norte 32, establecida en el Valle de Guadalupe, en Baja California, tuve la oportunidad de platicar con su principal promotor, Óscar Obregón. Mi primera  impresión fue el de un apasionado del vino que se produce en México, y un soñador inspirado en la tierra de los misioneros.

Esta bodega nació en 2002 como un proyecto de jubilación en una pequeña propiedad con una siembra inicial de siete hectáreas, principalmente de Merlot y Cabernet Sauvignon. En 2006 se sumó a este sueño el enólogo José Luis Durand.

De verdad que pocas veces impresiona tanto platicar con una persona que persigue y consigue contagiar su experiencia en una planta vinícola. Entre una copa de Norte 32 etiqueta negra y una de Teziano, logré captar que una bodega requiere de un gran trabajo en equipo, en el que participan tantas personas y familias que transmiten de generación en generación el gusto y  pasión, y que en determinados momentos sacrifican con dedicación y esfuerzo las horas de luz que provee el universo para que una parra produzca.

En palabras de Obregón, el Valle de Guadalupe está privilegiado por su clima, la humedad proveniente del mar, los vientos, y los procesos de fotosíntesis que pueden darse a ciertos niveles de montaña. Para él, esa zona del país ha revolucionado, no sólo por el hecho de que hoy existen más de cien proyectos distintos que trabajan para promover y producir vino hecho en México, sino por los múltiples premios que se reciben cada año por la calidad de las cosechas, que nos han abierto las puertas en otros países dedicados a esto.

De acuerdo con una publicación, México continúa con el crecimiento de vino al pasar de 900 mil cajas en 2004 a más de un millón 700 mil, en 2013. De acuerdo con cifras del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, el valor de las exportaciones de vino mexicano aumentó entre 2008 y 2012 de 3.1 a 5.3 millones de dólares.

Sin embargo, como les comentaba anteriormente, el escenario del consumo entre los mexicanos, comparado con otros países europeos y de Estados Unidos que consumen hasta 12 litros y de Argentina con 25, en este país sólo hay un equivalente de 750 mililitros per cápita al año.

Es necesario sumarnos nosotros como población en fomentar el gusto por el vino que se produce en nuestra tierra. Quizás los que habitamos en Cancún, aunque somos de otra península del país y no somos productores de vino, podemos incluirnos tan sólo como consumidores. Sí cada Estado demanda lo que se produce, he ahí nuestra colaboración,  pues el destino turístico tiene una amplia oferta de restaurantes que bien pueden experimentar y adquirir estos productos de alta calidad.

Al navegar por internet encontré una iniciativa de ley de fomento a la industria vitivinícola que expone grandes puntos que les comparto. Primeramente señala que para competir en el mercado mundial los vitivinicultores han tenido que realizar enormes inversiones para tecnificar el vino, pues para controlar procesos es necesario desarrollar y aplicar tecnología que permita obtener estándares internacionales. Sobre este punto quiero destacar que en México hay personas muy comprometidas en estar a la vanguardia, por eso hay viñedos que cuentan con calidad que son comparados con el manejo y técnica de otros países muy competitivos.

Sin embargo para los dueños de algunas plantas vinícolas, la tecnología no es un problema, sino cómo abastecer sus tierras de agua. Diversas agrupaciones han sostenido reuniones para plantear la necesidad de crear una salinizadora en esa zona del valle, pues la escasez de agua es un factor determinante en las cosechas. Y aunque se han desarrollado plantas de tratamiento, éstas no son útiles para la vid, sino para otras necesidades.

Otro de los puntos a destacar es que según la Asociación Sistema Producto Vid, cuatro de cada 10 actividades industriales tiene una relación comercial con los vinos y licores; por ello, como mencionaba anteriormente, en un restaurante lograr que se hagan catas o maridajes con vino mexicano es un área de oportunidad tanto para quienes producen las botellas, el que oferta el producto en su establecimiento, así como para el aprendizaje de los consumidores, que bastante falta hace interesarnos por conocer y explorarlo, llegar a sus raíces y sus posibilidades de maridaje con la gastronomía que produce el país en cada uno de sus rincones.

También, en dicha iniciativa se menciona que relacionado con los beneficios económicos que representa esta industria, hay estudios que comprueban que las personas que consumen vino en su vida cotidiana de forma moderada, presentan una incidencia inferior a padecer alguna enfermedad cardiovascular hasta en un 40 por ciento, lo cual me parece una ventaja de salud importante que hay que destacar, mientras se consuma de forma moderada y sana.

Se ha identificado médicamente que una copa de vino aporta vitaminas A, B y C, así como magnesio y calcio. Es lamentable que aún con estos beneficios, no se le brinde la difusión o promoción necesaria para que la población tenga acceso, pues existen mitos tan negativos al respecto que sólo trasciende lo que no sirve.

Cabe destacar, no sólo escrito desde mi punto de vista, sino del dueño de un viñedo, que los retos a los que se enfrentan los empresarios vinícolas son la competencia, pues el producto extranjero acapara el 70 por ciento del mercado nacional, ¡qué ironía! Si tenemos casas vinícolas en nuestro país, ¿por qué no les damos más apoyo? Considero que es por esa relación precio -calidad o porque algunos son más baratos o accesibles económicamente, pues pesan más a la hora de decidir qué comprar como consumidor, lo cual debemos, aunque represente un lujo extra a nuestro bolsillo, hacer el esfuerzo por adquirir una botella de vino mexicano, con ello contribuiríamos sin duda.

El Gobierno Federal debería analizar el impuesto que actualmente es el que tiene que pagar quien produce esta bebida espirituosa, ya que está estipulada como un proceso de destilación y no como proceso de fermentación. Aquí quizá la cuestión medular es que en el mercado se ofrezca un producto mexicano a un precio que podría ser más económico, si las leyes fueran más flexibles y adecuadas para la industria.

Por otra parte, hay esfuerzos que deben reconocerse, tal es el caso del Festival Wine and Food que se realiza en Cancún y la Riviera Maya, donde además de promover la excelencia y calidad que se tiene en gastronomía, acerca a la población a consumir vino, pues cada año se invita a diversos exponentes de la industria y hay pabellones de casas vinícolas mexicanas que vienen con sus mejores cosechas a mostrar de qué están hechas.

No sólo existe este festival anual, también algunos restaurantes locales ofrecen catas a precios muy accesibles para que se conozca más sobre las bondades de estos productos y su gran encuentro con el maridaje.

Cabe destacar que en los últimos años la parte sostenible de los viñedos es un concepto que va en pleno desarrollo. En mi conversación con Óscar Obregón destacó que ser sostenible ya no es una opción, sino parte de la cultura de la actualidad, aprovechar cada una de las bondades de los viñedos.

Reitero que nosotros somos los principales promotores del vino, y debemos darle la oportunidad al alma de los terruños expresarse en una copa.

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