19 de Octubre de 2018

Opinión

A ocho meses del nocaut electoral

Este domingo se cumplieron ocho meses de la elección que alteró el tablero político en Quintana Roo...

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Este domingo se cumplieron ocho meses de la elección que alteró el tablero político en Quintana Roo, ya que el PRI fue expulsado de la gubernatura y tres alcaldías estratégicas: Othón P. Blanco (Chetumal), Solidaridad (Playa del Carmen) y Cozumel. Y aunque los priistas ganaron en otros municipios con sus aliados del Verde Ecologista y Nueva Alianza, para ellos son ajenos Benito Juárez (Cancún), Puerto Morelos, Lázaro Cárdenas y Bacalar. Fue la peor cosecha de Ayuntamientos para el Tricolor en toda su historia, a partir de 1975.

El Congreso del Estado fue otra posición perdida para el PRI, ya que PAN, PRD, Morena y Nueva Alianza cerraron filas para arrebatar la Presidencia de la Gran Comisión del Congreso a los priistas comandados por Raymundo King de la Rosa, cuyos refuerzos del Verde Ecologista fueron aplastados por la avalancha dirigida por un operador clave del gobernador Carlos Joaquín: el ex alcalde playense Miguel Ramón Martín Azueta.

El cinco de junio de 2016 inauguró una alternancia comparable con aquel dos de julio de 2000, cuando el panista Vicente Fox aplastó al priista Francisco Labastida Ochoa, cuyo partido había permanecido en Los Pinos casi desde el principio de los tiempos. 

Roberto Borge como gobernador operó por sus pistolas en aquellas elecciones tan dañinas para su partido, sembrando las minas que condenaron a muerte al Tricolor, como la evitable deserción de Carlos Joaquín González. El hermano de Pedro Joaquín Coldwell llevó todo el peso en la guerra caribeña y fue sumando a priistas muy valiosos, como el alcalde capitalino Luis Torres Llanes.

Estos ocho meses han sido una condena infernal para un priismo que siempre fue el partido en el poder en la silla mayor, y que no sabe cómo desenvolverse en bancarrota política, porque Raymundo King de la Rosa como dirigente estatal del PRI es un monarca con poder simbólico, incapaz de desactivar una balcanización de largo aliento.

Porque los del Tricolor tan sólo sabían obedecer a su gobernador, “el primer priista”, como le decían con excesivo respeto y hasta con lambisconería colectiva. Y por obedecer a ciegas a su rey fueron convertidos en atolondrada oposición que sigue besando la lona, a ocho meses del nocaut que bien pudieron evitar, llevando como candidato a Carlos Joaquín.   

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