17 de Octubre de 2018

Opinión

Adiós a los debates

Como en gran parte del país, las excesivas restricciones y lineamientos por metro cuadrado han convertido los debates en un sueño, desde que se inauguran los procesos electorales.

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Como en gran parte del país, las excesivas restricciones y lineamientos por metro cuadrado han convertido los debates en un sueño, desde que se inauguran los procesos electorales.

Y mientras los candidatos del PRI los evitan para no fortalecer a sus oponentes, estos exigen que los candidatos del tricolor estén presentes, ya que en caso contrario deciden cancelar, con sus contadas excepciones.

Desechar la opción de los debates en toda forma afecta al proceso electoral, ya que se evita que los potenciales votantes más informados tengan elementos de juicio para inclinarse por tal o cual candidato a la alcaldía o diputación local.

Excluida esta opción de los debates, gran parte de los candidatos a las diputaciones se conforma con sacar del costal su paquete de propuestas, más relacionadas con la agenda de un candidato a la alcaldía que otra cosa.

Pese a ello, prometen meter mano en cuestiones de seguridad, bacheo y basura, entre otras necesidades.

Claro que hay candidatos con agenda legislativa, pero esta tiene que permanecer oculta para estar en condiciones de conquistar al votante, que exige soluciones en materia de alumbrado y desempleo.

En cuanto a los candidatos a las alcaldías, su mensaje enfocado a tomar al toro por los cuernos en los ayuntamientos no ha tenido un impacto significativo, dejando a los candidatos que hagan su lucha por separado, sin que se analice seriamente la posibilidad de que choquen en un debate en libertad.

Incluso, las excesivas restricciones evitan que centros de educación superior se involucren organizando debates, negando a la comunidad estudiantil al margen la posibilidad de conocer a los candidatos, más allá de gallardetes y publicidad diversa que muestra a ciertos candidatos con excesivos retoques, hasta dejarlos irreconocibles.

Y siempre que culmina un proceso electoral se plantea una autocrítica para detectar las razones del persistente éxito de un abstencionismo que se enquista, sobre todo, en zonas urbanas como Cancún, Playa del Carmen y Chetumal.

Los consejeros del Instituto Electoral de Quintana Roo (Ieqroo) elaboran entonces decenas de teorías, pero la explicación debe atender una inaceptable falta de motivación a los jóvenes votantes y a la sociedad en su conjunto, obligados a soportar campañas monótonas y nada creativas, apartadas del debate habitual en países como Estados Unidos, donde nadie se espanta cuando un candidato noquea obligando a la cuenta de protección.

Los debates fueron de nuevo los grandes ausentes en este proceso. Lamentable, pero esto se ha convertido en nociva costumbre, ya que muchos electores no son motivados para ir a las urnas, pese a la millonaria inversión pública hecha en temporada de vacas flacas.

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