23 de Abril de 2018

Opinión

Adiós al Carnaval

Cada año, irremediablemente, el Carnaval le rompe su mandarina en gajos al Paseo de Montejo.

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En unos cuantos días más, comenzará el Carnaval de Mérida en su versión 2013. Para muchos, símbolo de festejos, parrandas con “chelas” baratas y observatorio de miles de “carnes” apetitosas. Para otros, quizá los menos alegres, el Carnaval significa un caos generalizado. Calles bloqueadas, gente al por mayor obstaculizando las aceras y cientos de briagos generando espectáculos bochornosos.

Quizá ya es momento de pensar en reubicar el derrotero carnavalesco hacia otros lugares de la ciudad. Pero siempre hay “peros”. Por ejemplo, en Paseo de Montejo los comerciantes se quejan de que los asistentes no entran a sus changarros, sean bares o restaurantes de equis calidad, porque las bebidas espirituosas que se consumen en la fiesta son más económicas. Claro, no es lo mismo pagar 15 ó 20 pesos que sacar de la flaca cartera (por aquello del siempre creciente costo de los alimentos y demás necesidades básicas del ser humano) 30 pesitos.

Además de eso, cada año, irremediablemente, el Carnaval le rompe su mandarina en gajos al Paseo de Montejo. Las plantas de ornato, aunque intenten ser protegidas con mallas metálicas, son totalmente destruidas, independientemente de toneladas de basura que a diario quedan tiradas, aunque posteriormente se recojan.

Cuando el derrotero transita por las calles del Centro meridano, el caos es esquizofrénico. Mucho show, pero de poca calidad, aunque los organizadores de todo este desastre digan lo contrario. Por supuesto, están vendidos a la empresa cervecera en turno que, en realidad, es la que paga y manda. Allí, no existe el alcalde –ahora está en funciones Renán Barrera Concha– y menos el famoso comité organizador. Simplemente llegan los agentes “cheleros”, sacan la marmaja y las autoridades se bajan pantalones y justanes.

Mucho se ha discutido del cambio de derrotero del Carnaval. Y ya es momento de que las autoridades tomen cartas en el asunto. Para no perjudicar la vida cotidiana del Paseo de Montejo y del Centro Histórico meridano, bien podría replantearse el jolgorio en las instalaciones de X’Matkuil o quizá por el rumbo de Ciudad Caucel y zonas aledañas.

PRIMERA CAÍDA.- El Carnaval podría tener su nueva sede en X’Matkuil y así disponer de amplios terrenos, ociosos durante largos 10 ó 11 meses. Muchos se preguntarán si la gente asistiría. Por supuesto que sí. Si acude a una Feria Yucatán que cada año es “pan con lo mismo”, ¿por qué no a un carnavalito chafón?

SEGUNDA CAÍDA.- Para lo anterior, bien podrían la Comuna y el Gobierno estatal, si aceptan trabajar en armonía política, diseñar una estrategia de circuito camionero, de combis y taxis, a bajo costo. De tal forma, los interesados podrían viajar tranquilamente y hasta retornar al punto de partida. Si andan borrachones, hasta se salvan de la policía.

TERCERA CAÍDA.- Ya es momento de remover el carnavalito de sitio. Paseo de Montejo y las tristes y oscuras calles de Mérida lo agradecerán.

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