21 de Julio de 2018

Opinión

¿Adiós al juego puerco en Quintana Roo?

Las reglas para la asignación de obra pública deben ser revisadas, depuradas y replanteadas.

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Las reglas para la asignación de obra pública deben ser revisadas, depuradas y replanteadas, para acabar con las mañas arraigadas en las licitaciones teledirigidas, una práctica común en gobiernos priistas que perfeccionaron el juego puerco en todo tipo de adjudicación, desde la compra de un millón de alfileres hasta la reconstrucción de una escuela o avenida.

El gobierno de Carlos Joaquín González se instaló con una imagen de cambio revolucionario, y los mandos que dirigen las licitaciones y adjudicaciones de obras y todo tipo de mega contrato ya conocen a detalle el comportamiento de los funcionarios que convertían en una farsa los procesos, declarando ganadores a los consentidos o porque estaban dispuestos a aportar el diezmo, aunque el porcentaje llegó a ser mucho mayor, inflando los costos a niveles de locura.

Jorge Portilla Manica (titular de la Sintra) y Abraham Rodríguez Herrera (titular del Instituto de Infraestructura Física Educativa de Quintana Roo) tienen la obligación de proceder con pureza espiritual tibetana y como rigurosos discípulos de la escuela juarista, convertidos en apóstoles de la transparencia y el juego limpio.

En el municipio capitalino, Roberto Chim Interián como director de Obras Públicas tiene doble presión, ya que ocupó la misma posición cuando el priista Andrés Ruiz Morcillo fue alcalde, de 2008 a 2011. Un nauseabundo antecedente…

Ellos están obligados a dar un giro de 180 grados en el manejo de las licitaciones para que los constructores indicados sean favorecidos con los jugosos contratos, sin que dos o tres empresarios acumulen la totalidad de las obras. 

Los mandos del gobierno del estado y del Ayuntamiento capitalino –incluidos Solidaridad (Playa del Carmen) y Cozumel– tienen la obligación de extirpar este tipo de tumores en la licitación de obras y adjudicación de contratos.

Lo que no cabe es la simulación, ya que el funcionario que tiene su constructora o constructora sabe muy bien el camino: asociarse con otro constructor para favorecerlo con los mejores contratos, sin que sea fácilmente detectable la maniobra.
Jorge Portilla, Abraham Rodríguez y Roberto Chim Interián son mandos clave para erradicar el cochupo, instaurando nuevas reglas que motiven a los constructores y beneficien a Quintana Roo.

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