15 de Diciembre de 2017

Opinión

Adiós Tomás

Sin estar prevenidos, recibimos la noticia del fallecimiento repentino de Tomás Vera Pren, investigador, maestro universitario, luchador social y amigo. Siempre le guardamos un lugar especial, aun cuando el tiempo y la vida hayan espaciado nuestros encuentros.

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Sin estar prevenidos, recibimos la noticia del fallecimiento repentino de Tomás Vera Pren, investigador, maestro universitario, luchador social y amigo.  Siempre le guardamos un lugar especial, aun cuando el tiempo y la vida hayan espaciado nuestros encuentros.

Conocí a Tomás  hace mucho, cuando yo era un joven aprendiz de radical (hoy no soy ni uno ni otro) y él intelectual de un grupo de jóvenes indignados, mayores que yo, que incomodaban a los ortodoxos conservadores con sus arrebatos sociales y eran, fácilmente y a la ligera, indiciados como rojillos. Tomás tenía la aureola de una estancia en Colombia, en la que fue "contaminado" con el virus de la opción preferente por los pobres, en tiempos en los que el extremismo del padre Camilo Torres había sido piedra de escándalo al tomar las armas. Todos teníamos un sustrato cristiano fundamental y una indignación por la injusticia que, nebulosamente para nosotros, pues no lo sabíamos, salvo Tomás, que algo de ello nacía de la brisa renovadora del Concilio Vaticano II, que abría plena y claramente los brazos de la iglesia a los pobres.

Después, la vida varió los rumbos; pero Tomás mantuvo siempre una vocación humanista y esa fidelidad por los pobres que lo llevó a dedicarse a la consultoría social y económica, siempre con su sello plural. El mismo nombre de su empresa, Tecnología, Economía y Cultura Aplicadas al Desarrollo Regional,  muestra su amplitud de miras, que iban desde las metodologías de trabajo comunitario y el diseño de proyectos sociales, hasta un taller de psicoballet, método psicoterapéutico desarrollado en Cuba. Recientemente, dedicó grandes energías a los temas ambientales, como el de los transgénicos y sus peligros, que amenazan, entre otras cosas, la actividad apícola que practican muchos de nuestros campesinos, a la que también dedicó un esfuerzo trascendente. 

Estudió matemáticas en vez de teología, lo que le daba cierto ánimo pitagórico, y diferentes posgrados en economía, administración, periodismo y comunicación; fue investigador y maestro universitario, legándonos estudios que se consultan y citan en el campo de las ciencias sociales. Esta combinación de saberes con buena voluntad la enfocó siempre a la importancia de aplicar el conocimiento, la tecnología y la cultura en favor de un desarrollo social justo y equitativo de los más pobres.

Le mandamos un saludo de corazón a la compañera de su vida, Leydi Noemí Manrique. Evocamos a Tomás con palabras de López Velarde:

Que el milagro se haga,
dejándome aureola
o trayéndome llaga.

No porto insignias
de masón
ni de Caballero
de Colón.

 

A pesar del moralista
que la asedia
y sobre la comedia
que la traiciona,
es santa mi persona,
santa en el fuego lento
con que dora el altar
y en el remordimiento
del día que se me fue
sin oficiar.
.

 

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