25 de Septiembre de 2018

Opinión

El agua en las calles de Mérida

Al pasar sobre Mérida, la colita de Earl dejó una muestra más de la insuficiencia y la inadecuada infraestructura de drenaje pluvial en nuestras calles...

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Al pasar sobre Mérida, la colita de Earl dejó una muestra más de la insuficiencia y la inadecuada infraestructura de drenaje pluvial en nuestras calles; es que hay que entender que todo espacio urbano debe tener un adecuado equipamiento para el eficiente desalojo de las aguas de lluvia; un sistema de drenaje pluvial debe tener como meta alcanzar dos objetivos básicos: disminuir al máximo las afectaciones que el encharcamiento pueda ocasionar a la ciudadanía y garantizar el normal desenvolvimiento de la vida diaria en la ciudad, permitiendo la apropiada circulación de personas y vehículos durante la ocurrencia de las lluvias.

Durante los años que me dediqué al diseño de infraestructura urbana, el del drenaje pluvial era el renglón que más participación demandaba, ya que en su conceptualización un elemento indispensable es el diseño altimétrico de la infraestructura vial, tanto longitudinal, como transversalmente, con el propósito de optimizar la recolección de las aguas pluviales, minimizando, en tiempo y tamaño, los encharcamientos, teniendo como complemento el análisis pluviométrico, para desarrollar las ecuaciones duración-intensidad-frecuencia, a fin de poder estimar los gastos de agua de lluvia a recolectar y asegurar la capacidad de las coladeras o bocas de tormenta.

La eficiencia y la vida útil de un sistema de drenaje pluvial están altamente relacionadas, no sólo con la calidad y características de los materiales y los procesos de construcción, sino principalmente con su adecuada planificación y  definición de los criterios de diseño, con la intervención de varias especialidades.

En Mérida hay una regla de oro que dice que cada cierto número de metros cuadrados de vías debe haber un pozo pluvial, sin ningún sustento de diseño altimétrico de la vialidad ni del tipo de coladeras necesarias, mucho menos de tanques de tormenta en puntos conflictivos.

Recuerdo cuando se pavimentó la Av. García Lavín y propuse que fuera la primera arteria que tuviera un correcto diseño altimétrico para optimizar la infraestructura de drenaje pluvial y lo que se hizo fue la práctica común: pavimentar la calle y cuando llueva se verá dónde se encharca y ahí se pondrán coladeras y pozos.

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