19 de Noviembre de 2018

Opinión

Ahí les va la de Vergara

Marco Fabián (quien gana casi como hijo de Robero Deschamps), pedía lastimeramente a la gente que no lo abuchearan en el estadio.

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Con la tempestad de declaraciones, muchas de ellas hechas al calor de las marchas, no queda claro quién dice las cosas. Ni de qué manera te olvido. Por eso no se sabía quién le ofrecía disculpas a la afición, si Chuayffet, los líderes perredistas que no fueron a cerrar el AICM o el señor Jorge Vergara reconociendo que en el manejo de las Chivas ha sido prepotente, omiso, abusivo e intolerante. Y todo por seguir los protocolos del couching, cualquier cosa que eso signifique.

Algo solo comparable con el discurso del delantero del rebaño sagrado Marco Fabián (quien gana casi como hijo de Robero Deschamps), quien pedía lastimeramente a la gente que no lo abuchearan en el estadio. Sobre todo porque, según sus palabras, lo “distraen”, supongo casi tanto como las teiboleras.

Un acto de contrición marca llorará y llorarás sin nadie que te consuele, que serviría a quienes no comprenden a los servidores públicos.

Y es que contra lo que pudieran pensar aquellos que señalan a quienes ejercen el poder y reciben altos emolumentos por hacer lo que se le de su gana en calidad de virreyes, ser gobernador cansa. Por eso Fernando Toranzo, góber de San Luis Potosí, rompiendo la lógica de su paisano Gonzalo N. Santos —el Yoda de la fuerza oscura tricolor—, salió a dar explicaciones del porqué se fue de vacaciones a costillas del erario en una aeronave del estado: “Soy humano y tengo derecho a descansar”.

Nada más conmovedor. ¿Quién se imaginaría que con todos los atributos y potestades de un pez gordo como ese, con tal salario y esas cajas chicas a su disposición, un gobernante puede experimentar, como cualquier marchante, el agobio y agotamiento?

Primera noticia: nosotros estamos acostumbrados a ver a los hombres que escalan tales latitudes de gobierno como seres inagotables que se comen el mundo a puños, sobre todo porque solo tienen seis años para terminar viviendo como Yarrington y Moreira, no se diga comprarse zapatos al estilo Granier.

Un ex góber pobre es un pobre diablo.

Sin embargo, es bueno saber que bajo esa imagen venerable, de llevar por todo lo alto el livin la vida loca en su mundo de caramelo, los gobernadores son seres humanos que sienten y que aman, que les duele México y que en algún momento también caminan lerdos, como perdonando el tiempo.

Por sospechosistas hay que hacer penitencia con estos próceres dejándoles caer las disculpas de Vergara. 

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