13 de Diciembre de 2017

Opinión

Al fin el Fin

Pero sí alcanzamos a preparar el Festival de la Cultura Maya 2012, que puede convertirse en un acontecimiento muy importante a nivel internacional.

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A unos días del fin del mundo, no observamos en Yucatán procesiones de penitentes flagelándose para la expiación de sus pecados ni, mucho menos, bacanales de pecadores sin esperanza que aprovechan la ocasión para hundirse en el desenfreno; ambos fueron métodos medievales muy socorridos en la Europa del siglo X por el advenimiento del primer milenio, tiempos en los que los Jinetes del Apocalipsis diezmaban  occidente y –no lo sabían los europeos–, el colapso de la civilización maya, un verdadero fin del mundo, representaba uno de los más grandes holocaustos de la historia humana.

De los tiempos en los que la muchedumbre yucateca en el exilio se consolaba de las crisis o la nostalgia con aquella frase pronunciada con acento yucateco maximizado: “Si se acaba el mundo ¡me voy pa´Mérida!”, ahora resulta que el fin del mundo, como el del meteorito, es aquí ¡conio!

Pero sí alcanzamos a preparar el Festival de la Cultura Maya 2012, que puede convertirse en un acontecimiento muy importante a nivel internacional. Ya el gobierno del Estado anunció la decisión de realizarlo cada año, por lo que se contará con tiempo suficiente para preparar un evento ejemplar en cuyo diseño participe, en un lugar decisivo, la academia. No en balde, en  el mundo de la ciencia, muchos hallazgos de la cultura maya han sido algunas de las aventuras del conocimiento humano más emocionantes, como el desciframiento de la escritura y, más recientemente, el develamiento del misterio del colapso maya, que evidencia científica cada vez más clara muestra que se debió a la peor sequía en la región en los últimos siete mil años. El poder de convocatoria de los académicos podrá congregar en Yucatán, seguramente, a las mentes que trabajan en México y el mundo, iluminando nuestra comprensión del pueblo escribiente de la América precolombina.  El festival de este año es ya una clara muestra.

El otro tema decisivo es precisamente el del calendario, cuya comprensión arranca de las aportaciones de Juan Pío Pérez y tiene un momento memorable con Ernst Förstemann, figura que algunos consideran casi sobrehumana, quien para 1887 ya había descubierto la cuenta larga, el sistema de cálculo vigesimal, el funcionamiento de los almanaques y las tablas de Venus. Hoy usamos la cronología estándar GMT, por Goodman, Martínez y Thompson, para la equivalencia del calendario maya con el nuestro, en la que el baktún 13 inicia el 11 de agosto de 3,114 a.C. y termina en unos días.

Pero, por ejemplo, los doctores Andreas Fuls y Bryan Wells, de la Universidad Técnica de Berlín, han realizado estudios apoyados en el poder computacional para correlacionar tablas astronómicas y otras evidencias, que sitúan el final del famoso baktún 13 en el año 2,220. Parece que todavía tendríamos tiempo para refugiarnos en Mérida, si algún fin del mundo ajeno amenaza con exterminarnos en otras latitudes.

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