14 de Diciembre de 2018

Opinión

Aliados, no rivales

La mujer puede mantener relaciones cercanas de intimidad y entrega, pero le cuesta mucho ser persona individual y autónoma.

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El cambio de comportamiento para mejorar la sociedad nos corresponde a todos- Anónimo                                      

Si queremos mejorar nuestro ambiente social todos debemos colaborar para lograrlo. Un aspecto importante es la educación, que en México es todavía muy sexista. Se privilegia al sexo masculino tanto de manera abierta como sutil. Más que combatir la violencia lo que hay que corregir es lo que la provoca; por ej., la relación desigual que reside en las creencias, actitudes y conductas, que hacen valer la superioridad de lo masculino. 

El dilema no es el hombre sino la oposición radical entre lo masculino y lo femenino. Las diferencias que existen son para brindar ayuda mutua y no de rivalidad y sometimiento. 

La educación sexista deforma tanto al hombre como a la mujer. Lo mejor es la corresponsabilidad, donde ambos pongan a disposición sus propios recursos. La mujer no tiene por qué ser sólo ella el centro afectivo de la familia. Esta responsabilidad, en solitario, la desgasta. Esté o no en casa, el varón descarga en la mujer una serie de tareas, sin darse cuenta que es responsabilidad compartida. 

Hay que experimentar las emociones y sentimientos propios para  conocernos y expresarlos para que nos conozcan. De otra manera, difícilmente, se logrará una comunicación efectiva e íntima. 

A la mujer se le permite expresar más sus sentimientos que a los varones. Al hombre se le reprime emocionalmente porque “eso” es propio de mujeres. Así se le denigra y devalúa su lado femenino emocional y por lo tanto se le dificulta vivir la intimidad, la cercanía y una entrega comprometida y responsable. 

Generalmente, la mujer puede mantener relaciones cercanas de intimidad y entrega, pero le cuesta mucho ser persona individual y autónoma. Se le educa para depender del varón y por eso experimenta mayor necesidad de protección que no quiere decir que sea tonta, débil o inútil. La mujer tiene que reconocer su valía y fuerza interior, sin detrimento de su feminidad.

Puede expresar con respeto lo que piensa, siente, quiere o necesita, sin agredir y sin miedo, afirmando sus derechos como persona. 

Procuremos el equilibrio, la armonía entre nosotros y lograremos mejorar la sociedad en la que vivimos. 

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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