13 de Diciembre de 2017

Opinión

Almas unidas en la distancia

Ninguna distancia impedirá jamás el reencuentro de aquellos que amándose bien ansían de nuevo compartir sus vidas.

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Durante muchos años como maestro pude ver a infinidad de alumnos separados de sus abuelos, padres, hermanos, novias, novios o amigos; en la mayoría de los casos eran separaciones que nadie había deseado: padres de familia que residían en otras ciudades o países por motivos de trabajo, mientras la esposa y los hijos vivían en nuestra ciudad, hijos alejados de sus padres por tener que ir a estudiar a otro lugar aquello que deseaban, familias que después de establecerse y echar raíces tejiendo una red de conocidos y amigos repentinamente tenían que mudarse de ciudad de nuevo por motivos de trabajo dejando atrás a todas sus amistades.

La separación y la distancia eran particularmente difíciles de aceptar para mis jóvenes alumnos, atrás quedaban las relaciones de todo tipo cultivadas en los años recientes, juveniles novios y novias veían partir a su amor hacia otro destino. Aunque las separaciones eran realmente difíciles no necesariamente siempre significaron el final de una relación, más bien algunas resultaron francamente fortalecidas.

Aquellas relaciones que se fueron diluyendo con el tiempo eran principalmente las que no tenían un fuerte sustento, eran las surgidas en el trato cotidiano pero sin haber logrado echar raíces profundas en los corazones de quienes se relacionaban; por el contrario aquéllas fuertemente enraizadas en el amor lograron prevalecer. La prueba de la distancia hizo que cada quien diera lo mejor de sí mismo, lo que permitió que el amor creciera en hondura, en entrega e intensidad, puliendo así aquellas aristas que en algún momento hirieran la relación, ante las dificultades por la distancia las relaciones verdaderas lograron permanecer firmes, sostenidas por el amor.

En la distancia acabamos reconociendo el valor de todo aquello que compartimos. 
Cuando junto a nosotros no se encuentra quien amamos sentimos con claridad todo lo que es y todo lo que representa en nuestra realidad, identificamos en plenitud todo lo valioso que aporta a nuestro día a día, cobramos clara conciencia de los aportes maravillosos que esa persona trae a nuestra vida y cómo a través de su amor contribuye a nuestro crecimiento personal y al logro de nuestra felicidad.

Es la distancia la que nos permite ver con nuevos ojos lo valioso e importante de esta vida en nuestra vidas, esta persona que también vive con el anhelo en el corazón de acabar con la distancia y reunir su vida diaria con la nuestra, ya sea como entregado padre, dedicada madre, amorosa esposa, alegre y cariñosa hermana; en fin, en cualquiera de las manifestaciones del glorioso amor, sincero y desinteresado que tengamos la dicha de recibir de la vida.

Ciertamente en la distancia las horas se nos hacen días y los días años, buscamos ansiosamente el reflejo de esa mirada amada, plena de ternura y paz, ansiamos escuchar cómo la caricia de su voz tranquiliza nuestras inquietudes, esperamos sentir la mano gentil y cariñosa que restañe los dolores de nuestro cuerpo y el cansancio de nuestros días, recordamos, deseamos de nuevo estar frente a frente y poder tener la dicha de escuchar nuestro nombre en sus labios, estrechándonos en un abrazo que colme nuestro deseo de amar y ser amados.

Lo que no debemos de olvidar es que, aunque estemos lejos, podemos permanecer cercanos, porque si bien la distancia es una medida física, el amor es una medida del alma, es nuestra opción y nuestra decisión permitir que la distancia nos haga sufrir y acabar con el amor o utilizar esta distancia para hacernos plenamente conscientes de lo afortunados que somos como seres humanos de tener a quien amamos en nuestras vidas.

Valoremos toda la contribución maravillosa que han hecho a nuestro perfeccionamiento como seres humanos, agradecidos con Dios y con la vida por habernos permitido compartir la fugacidad de nuestra vida en el mar de la eternidad con seres humanos tan maravillosos que nos permiten ver con claridad que en verdad Dios se encuentra en cada persona.

La distancia no es eterna, el verdadero amor sí, ninguna distancia impedirá jamás el reencuentro de aquellos que amándose bien ansían de nuevo compartir sus vidas, la distancia nunca podrá separar lo que el amor ha unido, en nuestras manos está trabajar con alegría y esperanza en el reencuentro de aquellos que, separados por la distancia, se encuentra unidos por el amor.

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