22 de Septiembre de 2018

Opinión

AMLO después de la tormenta

Cualquier analista serio de los números de los votos concluirá que López Obrador es el líder político más exitoso que haya habido desde la perspectiva electoral.

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A diferencia de la mayoría que considera que la terquedad es el gran defecto de López Obrador, en realidad es una de sus virtudes. Gracias a la persistencia AMLO ha tenido un lugar destacado en la política desde hace varias décadas y es de los pocos casos que han podido mantener vigencia a pesar del tiempo y los cambios profundos en la política.

AMLO pudo ser Presidente en las elecciones de 2006 y 2012. Cualquier analista serio de los números de los votos concluirá que es el líder político más exitoso que haya habido desde la perspectiva electoral. En 1997 como dirigente nacional del PRD tuvo buenas cuentas en la elección intermedia, única ocasión. Su problema no está en la terquedad, sino en lo que la escritora Poniatowska —entrañable amiga del tabasqueño— define como dificultades para escuchar. El instinto de López Obrador es de guerrero y en eso la terquedad es un atributo, el problema viene cuando esto le impide ver y escuchar. La desconfianza se vuelve paranoia y todo se viene abajo.

En el ámbito de la izquierda no existe todavía un líder que pueda disputarle; Miguel Ángel Mancera está a prueba en circunstancias difíciles y a Ebrard lo anuló su oportunismo al pretender dar golpe de Estado a quienes mandan en el PRD. La estrategia de los dirigentes del PRD ha ganado terreno respecto a un PAN disminuido por sus querellas internas y por el descrédito de las presidencias de Fox y Calderón. También el PRD se ha visto favorecido por un PRI/gobierno que ha hecho del consenso con la pluralidad, paso natural para gobernar y emprender las reformas. 

En breve, López Obrador tendrá partido propio. En 2015 podrían desaparecer el PT y Movimiento Ciudadano; Morena no requiere superar al PRD en votos, solo los suficientes para consolidarse como una opción política creíble. El terreno de prueba será el Distrito Federal y Tabasco. Allí habrá de darse una disputa con el PRD con un enlace impredecible.

Los partidos viven de votos y esa ha sido la gran debilidad de la izquierda, nunca la de López Obrador. 

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