14 de Noviembre de 2018

Opinión

AMLO y Bozzo: los vividores de la tragedia

Las circunstancias ponen en el mismo nivel a dos personajes que viven de vociferar en un micrófono y que tienen en los marginados una inversión altamente rentable.

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Los desastres naturales revelan, sin duda, las grandes carencias de las sociedades y en su mayoría son los pobres quienes padecen los mayores males, en esta ocasión por las históricas lluvias torrenciales generadas por los huracanes Manuel e Ingrid en una confluencia meteorológica que no se había visto en México en poco más de medio siglo.

De una forma u otra, esto se ha visto en Tamaulipas, Veracruz, Oaxaca y, de manera mayúscula, en Guerrero. No es gratuito que los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Ángel Aguirre Rivero hayan adelantado que se investigará para saber quiénes fueron los funcionarios que durante la administración de José Francisco Ruiz Massieu permitieron que se construyeran fraccionamientos, centros comerciales y viviendas de interés social en humedales y en zonas de riesgo aledañas a lagunas y cauces de ríos.

Ese es el pan de cada día en nuestro país, los pobres que trabajan por salarios mínimos y se esfuerzan por dar a sus familias una vivienda como patrimonio son víctimas de seudolíderes sociales, de constructores sin escrúpulos y funcionarios corruptos.

Pero también son utilizados y explotados por quienes quieren medrar con su tragedia, circunstancia que pone en el mismo nivel a dos personajes que coincidentemente viven de vociferar en un micrófono y que tienen en los marginados una inversión altamente rentable.

Ese es el caso de Andrés Manuel López Obrador y Laura Bozzo, quienes de manera descarada quieren sacar raja de la tragedia que siguen viviendo hoy los guerrerenses.

La Bozzo, conductora vomitiva y uno de los productos más despreciables de la televisión nacional (aunque algunas televisoras locales tienen algunos conductores dignos del mismo basurero), se fue a montar un circo a Coyuca de Benítez y fue exhibida por periodistas como autora de un despreciable montaje.

Y, por su lado, López Obrador utiliza una de sus maniobras favoritas, la de “difama que algo queda”, y lanza sus baterías contra MILENIO y Televisa inventando con descaro que estas empresas fueron responsables de no alertar a la población de la llegada de los huracanes, mentira que cayó por su propio peso casi de inmediato.

Por fortuna, por más que se desgañiten y se quieran lavar la cara, ambos quedaron salpicados por el mismo lodo. No hay más que decir.

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