18 de Septiembre de 2018

Opinión

Ante todo, la seguridad del peatón

Los conductores ni conocen ni respetan los espacios del peatón, así como éstos desconocen sus derecho, responsabilidades y obligaciones.

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Caminar es la forma fundamental de desplazarse en la ciudad; no representa ningún costo, no genera emisiones de gases que alimentan el efecto invernadero, utiliza nuestra energía humana en vez de combustibles fósiles, proporciona beneficios importantes para la salud, es accesible a todos por igual (excepto para aquellas personas con problemas de movilidad) sin importar el nivel de ingresos y la ciudad debe estar equipada para que resulte una actividad muy placentera. 

Prácticamente todos  somos peatones. Caminar es el modo de transporte natural y el más importante para mantener un buen estado. La  inactividad física constituye un factor de riesgo para la salud.

Caminar tan sólo 30 minutos diarios ayuda a prevenir la aparición de numerosas enfermedades relacionadas con la inactividad física. 

Esto viene a colación porque en nuestra Mérida ser peatón representa un alto riesgo por dos razones esenciales: la mala condición de nuestras aceras, cuando existen, y la falta de respeto al peatón de parte de los conductores de vehículos,  que en su mayoría consideran al viandante un estorbo y no le respetan sus derechos.

La semana pasada de nuevo en las calles de Mérida ocurrió un atropellamiento que le costó la vida a una joven madre, que cruzaba en condiciones de preferencia, por estar en rojo el semáforo que detenía a los coches que transitaban sobre la calle que ella cruzaba, pero un autobús de pasajeros cambió de dirección sin precaución alguna y al incorporarse a la calle la atropelló cuando cruzaba con todo el derecho de hacerlo. 

El problema es que los conductores ni conocen ni respetan los espacios del peatón. Aquí quisiera referirme también a las vueltas continuas a la derecha con precaución, en donde esa precaución se refiere especialmente al respeto al peatón que en ese momento esté cruzando la avenida a la que nos incorporamos y debemos respetar su derecho de hacerlo con seguridad.

Sin duda el peatón tiene responsabilidades que cumplir; el problema es que, al igual que los conductores, los peatones desconocen sus derechos y sus responsabilidades y obligaciones.

Educación vial es la asignatura pendiente; pero ¿quién la debe impartir? Todos los sistemas educativos y las organizaciones sociales.

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