12 de Diciembre de 2017

Opinión

La atmósfera que respiramos

De nuevo tenemos sobre la mesa el serio problema que representa la mala calidad del aire de nuestro Centro Histórico a ciertas horas del día...

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De nuevo tenemos sobre la mesa el serio problema que representa la mala calidad del aire de nuestro Centro Histórico a ciertas horas del día y vuelven a mi mente una serie de eventos que me impulsaron desde hace ya casi 25 años a insistir en la necesidad de contar con una red automática de monitoreo continuo de la calidad del aire en nuestra ciudad.

Hace ya más de 5 lustros que en una visita a nuestra ciudad el, en aquel entonces, director general de la Calidad del Aire de la Secretaría de Ecología, después de un recorrido caminando me preguntó si habría un lugar de buena altura para observar la condición de nuestra atmósfera urbana; para ello subimos a la parte superior del entonces Hotel Mérida (era poco después de mediodía) y al asomarnos desde el último piso me señaló la nube que reposaba sobre el centro de Mérida; después de observarlo me dijo que si en ese momento tuviéramos una estación de monitoreo en la 58 con 61, seguramente tendríamos que prohibir la presencia de peatones. Con este referente me acerqué a las autoridades locales en materia de medio ambiente y como respuesta obtuve un ya veremos.

Otro hecho que viene a mi mente es del año pasado; después de una reunión con un grupo de estudiantes de doctorado de la Universidad de Stanford, que tenían a Mérida como caso de estudio en materia de desarrollo urbano y gestión medio ambiental, uno de ellos, una muchacha coreana, al despedirse me dijo: La verdad su ciudad es muy hermosa pero su Centro Histórico apesta. Huele mal, le dije, pero  insistió: Apesta como resultado del hacinamiento vehicular a ciertas horas.

Lo cierto es que, si realmente queremos resolver este problema, primero debemos de conocerlo con certeza; por esta razón me permito insistir en algo que muchas ciudades sin nuestra problemática ya tienen: una red de monitoreo de la calidad del aire, complementada con una red meteorológica, que mida temperatura, humedad y dirección y velocidad del viento, para tener una radiografía en espacio y tiempo de la calidad del aire que respiramos.

El camino no es simplemente cerrar al tráfico vehicular algunas calles; hay que saber lo que queremos resolver para diseñar y acordar la mejor solución, y monitorear sus resultados.

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