20 de Julio de 2018

Opinión

Autopista de la legalidad

Desde que se declaró presidente electo a Enrique Peña Nieto ha habido un cambio importante en el país.

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Aunque los afines a Felipe Calderón y Marcelo Ebrard no aguanten la crónica de las cuentas del gobierno de Peña Nieto, en la semana han ocurrido hechos que abonan a las buenas cuentas de la gestión que inició en diciembre. El contrapunto y la crítica a quien tiene el poder siempre serán necesarios y convenientes, pero poco contribuye cuando todo queda en reproches propios de la mezquindad.

Desde que se declaró presidente electo a Enrique Peña Nieto ha habido un cambio importante en el país. También ha habido beneficiarios, aliados y opositores. Entre los primeros destaca Felipe Calderón; gracias a la intervención de Peña Nieto sus iniciativas preferentes fueron aprobadas y él pudo promulgarlas. Los aliados del cambio, los más eficaces y destacados han sido los dirigentes del PAN y del PRD, y los coordinadores parlamentarios, con la excepción de Ernesto Cordero, quien se apunta en la lista de los opositores. Está en su derecho, pero llama la atención que los más cercanos a Calderón sean quienes más rechacen las reformas y los acuerdos plurales.

La promulgación de las reformas a la ley de amparo es un hito histórico para la justicia mexicana. Mérito del gobierno anterior, también del actual y, especialmente, del Congreso, que las aprobó en dos legislaturas. Las palabras del presidente de la Corte son suficientes para dimensionar la importancia de lo aprobado. No son actos que impacten a la sociedad y generen revuelo. Son resultados que cambian al país y en su acumulado con otras reformas van conformando el tránsito de México a un país de leyes, uno de los grandes déficits de la modernidad en curso.

Cuando las cosas están bien, la percepción de la gente adquiere otra dimensión. Llama la atención la valoración positiva que hacen los líderes del país sobre el desempeño del presidente Peña Nieto respecto a la que tiene la población en general, como bien lo consignó Reforma el lunes pasado. De lo que se trata, como ha sucedido, es que las cosas se estén haciendo bien. Las reformas sí impactan positivamente a la sociedad mexicana, con todo y que la percepción corra por cuerda aparte y sus ritmos sean otros. Por ello lo que importa no es tanto lo que se percibe, sino lo que se hace, los resultados.

Así, más y de lo mismo es que el aparato de inteligencia del Estado, en lugar de espiar a gobernadores para entregar al partido gobernante intercepciones telefónicas y así cargar los dados en la elección, esté al tanto de la salvaguarda de las personas y de las instituciones. Al Cisen y a quienes allí colaboran se les reconoce por haber salvado la vida de uno de los líderes más importantes de la oposición. Lo ocurrido no es un tema menor y lo único por decir es que esto continúe y se haga extensivo para proteger a todas las personas en todo el país.

Más y de lo mismo es el operativo de la Policía Federal para liberar la Autopista del Sol. Queda claro por la acción policiaca y por las palabras del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, que las libertades se respetan, incluso las de los necios o para las malas causas, no así las acciones ilegales de obstrucción de las vías de comunicación o el vandalismo, práctica común de la protesta social de Guerrero y Oaxaca. Con ello los gobernadores Aguirre y Cué, arrinconados por la amenaza y la intimidación de los grupos radicales, ganan espacio y tienen oportunidad para cumplir su responsabilidad. Las condiciones del diálogo con los mentores cambian para bien de todos, incluso para los auténticos maestros.

Más y de lo mismo son las palabras de los dirigentes del PRD Jesús Zambrano y Silvano Aureoles sobre la necesidad de hacer realidad la reforma educativa en todos los estados del país y, muy especialmente, en Guerrero y Oaxaca de cara al amago de una contrarreforma promovida por los gobernadores de esos estados, precisamente, por la presión de líderes que manipulan el miedo de los maestros a ser evaluados.

Más y de lo mismo es el camino que el país está emprendiendo para hacer valer la ley. Es largo y sinuoso el recorrido, pero es la exigencia fundamental para que México recobre la vitalidad, confianza y esperanza perdidas en el camino.

La segunda alternancia está dando el resultado que negó la primera. Las cosas han salido bien no solo por la visión y el carácter de uno, sino por el concurso de muchas voluntades, sobre todo, las de las oposiciones. No hay tiempo que perder. Dejar atrás la mezquindad de malos perdedores inmerecidamente encumbrados con cargos parlamentarios y continuar por la senda de las transformaciones que acrediten la grandeza de la nación. Poco más de cuatro meses dan cuenta que sí se puede.

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