18 de Diciembre de 2017

Opinión

Ayotzinapa, cuna de Lucio Cabañas

Lucio Cabañas Barrientos, de origen campesino, estudió en la Normal de Ayotzinapa, en la cual fue líder estudiantil...

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Desgraciados los pueblos dónde la juventud no haga temblar al mundo

Lucio Cabañas Barrientos, de origen campesino, estudió en la Normal de Ayotzinapa, en la cual fue líder estudiantil y secretario general de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México en 1962. 

El 18 de mayo de 1967, en Atoyac, la Sociedad de Padres de Familia de la escuela primaria “Juan N. Álvarez” realiza un mitin en el que se pide la destitución de la directora de la escuela Julia Paco Pizá y de los maestros que la apoyan. Poco antes de las diez de la mañana, una comisión le solicita a Cabañas Barrientos que funja como orador, porque el que iba a serlo no se presentaría. Lucio acepta, pero pide que lo esperen hasta las diez y media, para aprovechar el tiempo del “recreo” en su escuela, la “Modesto Alarcón”. 

Cuando Cabañas participa en el mitin, la policía Judicial del Estado de Guerrero trata de impedirlo. Los agentes se abren paso entre la concentración de manifestantes para detener o eliminar a Lucio, hay forcejeos y disparos hacia la multitud. El resultado es de 11 muertos. 

Como se intenta culparlo de los acontecimientos, Cabañas se ve forzado a refugiarse en la sierra para defenderse de la persecución que busca eliminarlo. En la tarde invita al ejido de San Martín a la lucha armada: ¿No hay condiciones para hacer la revolución? Qué me importa que no haya condiciones… cuando matan al pueblo, hay que matar enemigos del pueblo y de ahí parte la revolución, de ahí parte toda revolución.

A 47 años de ese suceso histórico estamos ante el resurgimiento de la guerrilla no sólo en Guerrero, sino en todo el país, por eso el gobierno federal no quiere hacer oficial lo que ya es un hecho: la muerte de los 43 normalistas. Regresarán los tiempos de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, los tiempos de la guerra de guerrillas, los tiempos de la clandestinidad. 

Y es que en cuanto uno franquea el portón negro que da la bienvenida a la normal de Ayotzinapa, adornado con un par de tortugas verdes (“lugar de tortugas”, significa Ayotzinapa), se desciende por unas escaleras de piedra hasta una cancha deportiva con techo de lámina, a cuyo costado, en un muro, fueron pintados unos rostros que no dejan lugar a dudas del pensamiento social que predomina en el lugar: las caras, dibujadas con pintura negra del Che Guevara, Marx, Engels y Lenin, vigilan el sitio. Al lado, reinan la hoz y el martillo, símbolo de las luchas proletarias y campesinas del siglo pasado.

Los comunicados del ERPI y el EPR les abren la esperanza a estos jóvenes de ser como Lucio, como Genaro, como el Che; el primero de los grupos guerrilleros llamó a crear una brigada de ajusticiamiento contra los Guerreros Unidos, el cártel que opera en Iguala. Y el EPR ha dicho que los ataques contra sus compañeros se tratan de “un crimen de Estado planificado por el mando único policiaco-militar, el cual coordina la agresión permanente contra el pueblo”.

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