18 de Febrero de 2018

Opinión

Bálsamos para cuerpos adoloridos

Al ser combinadas con plantas introducidas, como la ruda y la albahaca, los bálsamos se incorporaron exitosamente a la medicina maya.

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El vocablo bálsamo, del lat. balsamum, es definido por el DRAE como sustancia aromática líquida que por incisión se obtiene de ciertos árboles, pero que va espesándose por la acción atmosférica hasta que sus aceites esenciales se cambian en resina y en ácido benzoico y cinámico. Por lo general esta voz se aplica a numerosas plantas y árboles que proveen sustancias balsámicas de propiedades medicinales que se aplican en heridas, llagas y diversas dolencias.

En la lengua maya existen dos voces arcaicas que aparecen referidas en tres fuentes del periodo colonial, buluchka’an, bálsamo o liquidámbar de árboles conocidos como nabá o balsamito (Miroxilon balsamum), es antibacteriano, antiséptico, antiinflamatorio, analgésico y antiparasitario específico para la sarna. Árbol conocido en el mundo occidental como fuente del bálsamo del Perú.

El otro es el hestsim xíiw (Helenium quadridentatum), árbol que se da por el sur de México. Tanto el fruto como la corteza contienen abundante jugo balsámico (resina de goma y aceite volátil). Otras fuentes del periodo colonial indican que se extraía bálsamo o ch’oox de árboles como el sabakché (Exostema caribaeum), que combinaban con otras plantas con que se afeitaban y maquillaban las mujeres mayas yucatecas.

A fines de la colonia, comienza a tomar más fuerza la perspectiva europea, al observarse una presencia mayor de métodos curativos a la manera española. De las preparaciones sencillas de plantas (emplastos, resinas, machacadas en agua o pulverizadas) pasan a ser hervidas, con azúcar, grasas, alcoholes y con mayores ingredientes derivados de animales y minerales. 

También empiezan a ser combinadas con plantas introducidas, como la ruda y la albahaca, que se incorporaron exitosamente a la medicina maya. Plantas muy aromáticas usadas con fines medicinales, pero también para venerar a los santos que si además se maceran en alcohol, son capaces de calmar muchas dolencias. 

Ya entrado el siglo XX, la población yucateca comenzó a recurrir a las triacas, remedios polifármacos, mezcla de distintas sustancias: alcohol, salicilato de metilo, alcanfor, vinos aromáticos (como el isleño), tinturas (como el árnica)  y aguas o esencias (como la de cananga hecha de una planta olorosa de Siam), empleados para estimular el flujo sanguíneo, remediar reumatismos y dolores musculares y articulares. Tal como ocurre con las hojas y cogollos de la mariguana remojados en alcohol o salicilato para tratar dolor en las articulaciones o reumas, frotando las partes afectadas.

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