20 de Octubre de 2018

Opinión

Beatriz Rodríguez in memóriam

Nadie podrá dudar jamás que el Cecuny nació en la mirada amorosa de esta poeta de ojos grandes y cabellos prematuramente blancos.

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Es difícil escribir sobre la gente que ya no está, desata suspicacias la bondad que  citamos. En el caso de Beatriz Rodríguez Guillermo, cualquier mención de su bondad resulta corta comparada con su ser extraordinario.

La conocí en el Cecuny, su personalidad hipnótica, por sabia y generosa, dejó gran huella en mi historia. Beatriz era una espléndida maestra.

Nunca tenía prisa si había que escuchar a algún niño, maestro o padre. Eternamente cordial y amorosa, propiciaba espacios de formación y desarrollo para los maestros.

Para ella no había imposibles; confiaba en su gente a niveles incluso cuestionables. Así era Beatriz; un ser luminoso capaz de confiar su nombre a la gente en que creía.

Fue la primera persona en leer mis incipientes cuentos, moría de pena con la sola idea de mostrarlos, pero ella es el ser más amoroso que he conocido. Leyó mis textos y me dijo que veía una voz poderosa pero yo tendría que ser más disciplinada.

Nadie podrá dudar jamás que el Cecuny nació en la mirada amorosa de esta poeta de ojos grandes y cabellos prematuramente blancos. Su disciplina la hacía despertarse a las 5 de la mañana para escribir aun cuando sólo hubiera dormido 3 horas, ella escribía todo el tiempo. 

Algunas veces me mandó en su representación a importantes eventos, yo me negaba e insistía en que debía mandar a alguien mejor. Ella -conociendo mis defectos de carácter- sonreía y me decía: Tú vas a representarme, no te puedes enojar, no puedes hacer un desplante o despotricar, porque tú serás yo y sabes que yo nunca haría eso. Querida maestra, nunca podré ser como tú, aunque en tu infinita bondad siempre dijiste que cuando tuviera tu edad sería mejor que tú. Es imposible querida Beatriz, no hay quien llene tu lugar. Quizá no lo sabes pero con tu ejemplo escribiste la historia de mucha gente.

Roger Metri dice que dejaste muchas semillas, es verdad; somos muchos los que fuimos semilla en la limpia luz de tu enseñanza. Abrazo con alegría el reconocimiento que Jorge Esma hará a tu labor, espero sea el inicio de muchos homenajes a tu vida, tu historia y poesía.

El buen Dios te llamó, nos deja extrañando tu sonrisa y tu espíritu amoroso en el que tantos niños, maestros y artistas encontramos esperanza.

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