18 de Septiembre de 2018

Opinión

Bola negra o blanca

La Junta Municipal de Reclutamiento inició un interesante programa para atraer a los jóvenes en edad de cumplir con el SMN.

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Antes, la mayoría quería sacar bola blanca, es decir, cumplir con el Servicio Militar Nacional (en vigor desde 1942, con motivo de la II Guerra Mundial), que con los años fue perdiendo interés, tanto del gobierno como de los jóvenes. Además, la cartilla liberada dejó de ser un requisito para ciertos trámites, como obtener el pasaporte o titularse. Hasta que recientemente comenzó a resurgir.

Quienes debían “marchar” acudían a sesiones dominicales o sabatinas en las que recibían instrucción militar, adiestramiento físico, conocimiento de leyes y reglamentos y manejo de armamento del soldado. La Marina incluía natación y conocimientos marineros. Muchos de esos jóvenes sintieron la vocación y terminaron haciendo carrera en el Ejército o la Armada.

Ahora hay opciones para liberar la cartilla encuadrado tres meses en alguna unidad del Ejército y persisten las sesiones sabatinas a las que incluso admiten mujeres como “voluntarias”, aunque ya es más un servicio social el que realizan los conscriptos. 

En Mérida, este año la Junta Municipal de Reclutamiento, a cargo de Tito Sánchez Camargo, inició un interesante programa para atraer a los jóvenes en edad de cumplir con el SMN. Personal de esa oficina acude a las escuelas de preparatoria para informarles de la importancia de cumplir con este deber ciudadano y expedirles la cartilla. También acuden al domicilio de jóvenes con alguna discapacidad para entregarles el documento, habida cuenta de que están exentos de realizar el servicio militar.  

Otra novedad es que este año se utilizará, por primera vez, un sistema de código de barras para agilizar el registro de la asistencia de los conscriptos al sorteo, lo que permitirá saber de inmediato quiénes faltaron, y a estos se les asignará “bola blanca” automáticamente y tendrán obligación de recibir adiestramiento militar. Así que, más vale asistir al sorteo el próximo mes de noviembre, ¿qué tal y les toca bola negra y no marchan?

Pasaporte a lo prohibido

En el anexo “1” de mi columna del 3 de enero de 2014, “Requisitos: cartilla liberada”, escribí:  

Cuando somos adolescentes corremos prisa por llegar a la mayoría de edad. Lo que ahora es una urgencia por obtener la credencial del IFE, que demuestra que ya somos ciudadanos, antes lo era con la Cartilla.

Para los jóvenes de mi generación, tener la cartilla era como poseer un pasaporte para lo “prohibido” entonces: entrar al billar, a la cantina o al cine de ficheras. 

–¿Ya tienes cartilla, chamaco? –preguntaban quienes franqueaban la entrada.

Confieso que nunca necesité de mi cartilla. Me bastó con la credencial de la Armada, como hasta la fecha. Recuerdo que todo el trámite para obtenerla lo hicieron por mí en la Escuela de Grumetes de la Armada, en Veracruz. Todos éramos anticipados, pues teníamos entre 16 y 17 años.

Un día nos llamaron, firmamos el documento, estampamos la huella y nunca más volví a verla sino hasta 1994 cuando, comisionado en la Secretaría de Marina, la solicité y me la entregaron liberada… habían pasado 21 años desde que llegué “sólo un año para liberarla”.

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