14 de Diciembre de 2017

Opinión

Buena es la justicia…

Las escaramuzas de la ex alcaldesa de Tulum, Edith Mendoza Pino, en el Congreso del Estado no sólo la exhiben como una mujer de armas tomar, también como una persona de pocos escrúpulos, agresiva y dispuesta a lo que sea con tal de salirse con la suya.

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No recuerdo ya cómo fue que el pueblo de Tulum se inclinó por Edith Mendoza para hacer historia como su primera presidenta municipal constitucional. Su notoria ambición al descubrirse en la cima de la política local, con un tesoro al alcance de la mano, un  bisoño concejo y el poder sobredimensionado por su liviandad, terminaron por convertirla en una amenaza, incluso para su partido político.
 
Me he mantenido atento a los últimos sucesos en el Palacio Legislativo, observando a la mujer que acusa al sistema de haberla acosado, de lograr arrinconarla hasta el grado de buscar el apoyo de otras instancias en el ámbito nacional, acusando a la prensa local de ser empleados de gobierno, al igual que los legisladores, y exigiendo recuperar lo que con inconcebible irresponsabilidad despilfarró. Ahora, pase lo que pase con la demanda de juicio político, Edith Mendoza Pino será tristemente recordada en aquel mágico paraíso o, lo que será peor, simplemente olvidada.
 
Luego de la última comparecencia, en la que Edith no “toreó” a los medios, sino que apresuró el paso para alcanzar el pasillo –que hubo de andar y desandar en múltiples ocasiones durante las últimas semanas- para afrontar a los legisladores en el interior de la Sala de Comisiones, cuyas paredes mantuvieron a raya a los reporteros, pero que no pudieron contener las incontables ocasiones en que la ex alcaldesa perdió los estribos, abrumada con acusaciones por obras millonarias sin licitar, por recursos mal empleados, facturas apócrifas, falta de seguridad social para los empleados municipales y otras tantas acusaciones.
 
El semblante de Edith Mendoza Pino no fue el mismo esta última vez. Parece ya no estar tan segura de recuperar la silla presidencial y las argucias legaloides se agotan. Le saldrá “barata” la inhabilitación por 20 años para ejercer cargos públicos. Y déjeme recordarle un asunto que también estuvo en manos de los diputados de la Comisión Instructora que, durante el período de desahogo de incidencias que pretenden cerrar este domingo, llegaron a verse superados por la perspicacia o cinismo de su antagonista.
 
Hay una joven mujer, auxiliar de cocina, madre de familia y esposa que fue violada por policías municipales de Tulum. Fueron ocho uniformados los involucrados en esta infamia, dos de ellos mujeres, que sin el menor dejo de humanidad, mancillaron sin clemencia a Gabina Pat Díaz, quien fue colgada de los brazos mientras varios de los participantes saciaban sus bajos instintos, en complicidad del resto que, insisto, no tuvo un dejo de piedad por la humilde mujer.

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