23 de Octubre de 2018

Opinión

Cada quien su churro

Lo que defiendo es la libertad de cada quien de hacer lo que le venga en gana, siempre que no dañe a terceros. Tarea será de la autoridad,

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El otro día alguien me preguntó si me gusta que me ofendan y me ataquen como lo hacen algunos de quienes leen las  cosas que escribo en este espacio y en redes sociales. Obvio que no, fue mi repuesta, pero no puedo ir contra nadie que lo haga.

Vivimos en un país donde está garantizada la libertad de expresión y cada quien tiene derecho a decir lo que quiera; en mi caso el respeto llega hasta el grado de que me pueden calumniar, ofender y censurar sin temor a que los vaya a confrontar en los tribunales ni mediáticos ni legales. Jamás voy a ir contra ese derecho que es lo más humano del hombre. Cada quien con su conciencia, sus fobias y… sus intereses.

Pero hay cosas que no se pueden quedar sin respuesta. Y no es por mí, sino por esos valores que postulo como los mayores y a los que debo respeto. Tal es el caso de las opiniones vertidas en torno a mi artículo de la semana pasada respecto al fallo de la Corte que avala el consumo lúdico de mariguana a cuatro personas y un comentario que puse en el Facebook sobre el  mismo tema. Me llegaron opiniones mesuradas y respetuosas, que agradezco tanto como las que no lo fueron. Lo que no puedo soslayar es que alguien piense que estoy defendiendo el consumo de la cannabis o que quiero que las calles de México se llenen de motorolos y haya manga ancha para repartirla entre niños y jóvenes.

A esos les digo que pienso que todas las drogas son malas –las legales como el alcohol y las otras, hasta las que están en vías de legalización-. ¿Queda claro? Lo que defiendo es la libertad de cada quien de hacer lo que le venga en gana, siempre que no dañe a terceros. Tarea será de la autoridad, como se supone que lo es con el alcohol, tomar las medidas suficientes para que la mota no role sin freno y para que no inunde –cosa que no debe pasar- a México, como ya lo inundó el terrible cáncer del alcoholismo. Y de cada padre, la de educar a sus hijos de modo que no busquen salidas falsas, ni bebidas ni fumadas. 

Por lo demás, cada quien su churro.

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