25 de Septiembre de 2018

Opinión

Calderón lava en el Twitter

La regla no escrita para los expresidentes de México (guardar silencio) se ha violado desde hace mucho, pero con Calderón romperla se ha vuelta uno regla.

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Desde el arribo de la democracia representativa, en sociedades cada vez más complejas, se viene debatiendo si la obligación primera del legislador es para con la sociedad como un todo; o más focalizada, con sus electores; o con su partido, como organización intermedia.

Sin caer en el extremo de los que arguyen el voto de conciencia para no rendir cuentas, la respuesta depende en buena parte de la relación que tenga su partido con el poder. Si gobierna, o comparte el gobierno o se opone por sistema.

La evidencia la tenemos en el PAN: en la oposición optaba por el partido y en el poder por el gobierno; en sus 12 años con Fox y Calderón sometieron de manera evidente a su partido, imponiendo dirigentes y candidatos hasta los límites del decoro.

El problema es que ante la victoria del PRI una facción insista en comportarse como antes, siguiendo las indicaciones de Calderón que los ubicó estratégicamente en el Senado.

Aunque hay que diferenciar el comportamiento institucional de Fox que al no salir su candidato apoyó con todo a Calderón, mientras éste tras la derrota interna de Cordero fue acusado de apatía por gente de Josefina Vázquez Mota.

Casualmente el primer movimiento táctico de Calderón, ya presidente, fue la remoción de Espino del partido y de Santiago Creel de la coordinación de la fracción senatorial del PAN, con base en las mismas facultades del titular del partido, que ahora ejerce Gustavo Madero para cesar a Cordero que le disputaba la dirección, si no formal, sí de facto.

Nada nuevo, purgas internas que hemos visto a lo largo de la transición entre los regímenes gubernamentales; aunque las más virulentas, sin duda, han sido las del PAN, primero con Fox que excluyó de su gobierno y depuró a las figuras partidistas ajenas a su círculo cercano y, peor aún, con Calderón que expulsó  a funcionarios partidistas y gubernamentales del pasado.

Lo que cambia es el uso de las nuevas tecnologías para exhibir los viejos vicios de la política; hoy somos testigos de la confrontación interna del PAN mediante los tuiteos de Cordero y Lozano exhortando por ejemplo a rescatar al PAN, ¿de los panistas?, y del exabrupto de Felipe Calderón, desde su cátedra “virtual” en Harvard, para que sus correligionarios laven la ropa sucia en casa, sin reparar en la incongruencia de pedirlo por las redes sociales.

Más propio y eficiente hubiera sido que llamara privadamente a sus adeptos (Cordero, Lozano y su hermana Cocoa) para ordenarles cordura. Porque, para bien del PAN y de todos los partidos, es preciso que haya una sola dirección, que puede ser colegiada, y que no existan confrontaciones directas. Lavar la ropa en casa, no en las redes sociales. 

Pónganse ya de acuerdo, en la inteligencia de que el Pacto por México tiene la aprobación mayoritaria de la gente.

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