20 de Julio de 2018

Opinión

Cambiar una época

“Si la Iglesia se vuelve como él la piensa y la quiere habrá cambiado una época”, dice Scalfari. Y el buen papa Francisco parece seguir fiel a ese itinerario.

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A la primera entrevista del Papa Francisco con el humanista pero no creyente Eugenio Scalfari, director del diario italiano La República, sigue otra reciente que genera polémica por los temas “tabú” que aborda, como el celibato y la pedofilia, y la forma en que escribe Scalfari. 

A tal grado que el padre Federico Lombardi, vocero del Vaticano, ha tenido que aclarar que “son más que todo charlas, que no habían sido grabadas, por lo que las declaraciones del papa no pueden ser reproducidas entre comillas, ya que se basan en la memoria de Scalfari”. 

No es asunto menor, pues la palabra del santo padre es fuente esencial de autoridad, no una opinión al paso. Infalible o no, legisla. Scalfari reconoció la posibilidad de que algunas de las palabras que le atribuyó “no fueran compartidas por el pontífice mismo” y reconoció que no graba ni toma notas: “Trato de entender a la persona que estoy entrevistando y luego escribo sus respuestas con mis propias palabras”.

El tema más rasposo fue el comentario sobre la pedofilia dentro de la Iglesia, que ronda el dos por ciento, cifra que, le dicen al papa, debería tranquilizarlo: “Pero debo decir que no me tranquiliza en absoluto… de hecho es muy grave. Dos por ciento de los pedófilos son sacerdotes y hasta obispos y cardenales. Y otros, más numerosos, saben pero callan… es intolerable y voy a enfrentarlo con la severidad que requiera”. La implicación del alto clero en esta supuesta cita es la que seguramente requería una aclaración tajante.

El vaticanista Marco Politi afirma que “el papa usa esas conversaciones para mover las aguas y generar debate sobre temas claves para la Iglesia contemporánea. Scalfari por decisión propia no se presenta con la grabadora y el papa por decisión propia no revisa. La primera vez parecía un incidente, la segunda resulta algo voluntario: una técnica”.

Y vaya que logra “escandalizar” y provocar algunas vestiduras desgarradas en el sentido estrictamente bíblico. 

El celibato es un tema estrujante ante la falta de sacerdotes y la existencia de más de 100 mi casados en el mundo -según la Federación Europea de Curas Católicos Casados- y muchos más que viven “clandestinamente”. 

Las palabras atribuidas a Francisco, lejos del escándalo, suenan realistas y esperanzadoras y no por ello menos impresionantes. Valgan, aquí sí, las comillas: “Quizá usted no sabe que el celibato fue establecido en el siglo X, es decir, novecientos años después de la muerte de Nuestro Señor. La Iglesia católica oriental permite hasta ahora que sus presbíteros se casen. El problema ciertamente existe, pero no es tan grave. Hace falta tiempo, pero existen soluciones y las encontraré”.

Al margen de las citas exactas, los temas están abiertos y merecen discutirse sin desgarrarse las vestiduras. Recuerdo vivamente la frase con la que concluyó Scalfari su primera entrevista: “Si la Iglesia se vuelve como él la piensa y la quiere habrá cambiado una época”. Y el buen papa Francisco parece seguir fiel a ese itinerario.

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