23 de Septiembre de 2018

Opinión

Cambios

A poco más de un año de terminar el trienio, quizá menos si es que el alcalde se nos va como candidato para diputado federal, todavía no se logra una planta de personal que sea de confianza.

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Déjeme contarle que estos día he estado leyendo sobre los cambios que se han hecho en el Ayuntamiento de Progreso. Se ha dado de baja a algunos directores, se ha cambiado de área a otros y se ha nombrado a nuevos.

A poco más de un año de terminar el trienio, quizá menos si es que el alcalde se nos va como candidato para diputado federal, todavía no se logra una planta de personal que sea de confianza.

Y pongo el ejemplo de Progreso porque es el ayuntamiento que más cambios ha hecho, principalmente por presuntos malos manejos de quienes han sido removidos de sus puestos, pero estoy segura que la misma situación pasa en prácticamente todos los ayuntamientos.

Y es que hay que tomar en cuenta lo siguiente: cuando entra una autoridad, siempre entra con compromisos. No es lo ideal ni lo que quisiéramos, pero es una realidad. Esos compromisos por lo general no son gente de confianza de la autoridad y en muchos casos tampoco tienen el perfil del puesto que ocupan.

Entonces pasa lo de Progreso, se cumple el compromiso y se les da la oportunidad, pero no todos la saben aprovechar y terminan queriendo sacar ventaja de su posición. 

Un Ayuntamiento dura nada más tres años, ¿vale la pena andar cambiando gente nada más porque quizá roba poquito? La respuesta siempre será un sí rotundo. Hay que romper con la inercia y aunque estemos acostumbrados a la corrupción, prepotencia, malos manejos, enriquecimiento ilícito, etc., no debemos olvidar que no está bien que lo hagan. 

¿A quién le dará más vergüenza? ¿Al alcalde cuando tiene que decirle a su director que lo va a cambiar por corrupto o al director corrupto que cacharon en la movida? Imagínese que su jefe, la persona que le dio su confianza, le dio trabajo y le dio poder, de repente lo manda llamar y le dice que ya sabe de sus malos manejos. Y a eso auméntele que, aunque no haya una denuncia formal, los rumores de que anduvo robando crezcan cada vez más, entre sus compañeros de trabajo, su familia, sus vecinos, su municipio… ¿vale la pena? 

Francamente me parece muy tonto, por no decirlo de otra manera porque en esta columna somos muy decentes, el andar echando a perder las oportunidades así nada más y por eso me da gusto que se haga. Ojalá se hiciera lo mismo en el gobierno estatal y en todos los ayuntamientos. Gobernar un municipio, estado o país no es cosa de juego, tenemos que empezar a tomarlo en serio.

Y hablando del gobierno estatal había rumores de cambios de secretarios y todos los esperábamos después de los veinte informes que nos aventamos, pero al final no se movió nada. Supongo que todo debe estar muy bien. 

Y el cambio que falta, y urge si me permite decir, es el del ONMPRI. Aquí la pregunta es ¿a quién diablos poner? ¿Quién será la Pequeña Lulú en ese club de Tobi?

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