21 de Septiembre de 2018

Opinión

Caminito de la escuela...

La calle es para disfrutarla con seguridad, cosa que en Mérida nos falta mucho, en un centro de la ciudad en manos del ambulantaje permanente.

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La vuelta a clase de nuestros niños trae de nuevo a flor de piel esas acciones cuestionables, dizque para proteger a los alumnos de las escuelas del peligro vial; me refiero en específico a la acelerada costumbre de construir pasos peatonales exactamente enfrente de la puerta de las escuelas y jardines de niños, que de esa manera son mal direccionados, ya que el cruce de calles debe ser siempre en las esquinas.

Recuerdo que cuando era niño, hace ya más de medio siglo, un distintivo de las escuelas era la existencia de barreras que impedían la salida intempestiva de los alumnos al espacio vial, ahí sí para protegernos y educarnos; para entrar o salir de la escuela cruzando la calle había que hacerlo en la esquina más adecuada según nuestro origen y destino; hoy día le hacemos creer al niño que pareciera ser el dueño de la calle y generalmente cruza sin darle la cara a los vehículos que se aproximan, es decir, sin siquiera avisar a los conductores que va a cruzar.

Recuerdo y siempre menciono el caso de un muchacho que iba corriendo por la acera enfrente de Bancarios y al llegar al paso peatonal que ahí existe sin siquiera voltear hacia el espacio vial siguió corriendo y cruzó la calle, con los oídos atrofiados por un par de audífonos. En otra ocasión por poco atropello a una pareja que sin voltear a ver la calle cruzó la 60 enfrente de Catedral, en donde existe un aberrante paso peatonal. ¿Habrá algún centro histórico en nuestro planeta con este tipo de equipamientos?

La calle es para disfrutarla con seguridad, cosa que en Mérida nos falta mucho, en un centro de ciudad en manos del ambulantaje permanente que, además de generar elevados índices de inseguridad para el peatón, roba energía eléctrica y tira los residuos sólidos que genera, entre otros atentados a la equidad y el derecho a una ciudad segura.

Pero volviendo a los pasos peatonales, un aspecto importantísimo es tener un espacio urbano de aceras seguras, sin obstáculos ni trampas, con superficies de un mismo nivel, sin rampas de acceso vehicular que rompen con esa continuidad. Imaginemos una Mérida de aceras anchas, seguras, con verdaderos paraderos del sistema de transporte, con una señalética integral y sin vacíos; ese debe ser nuestro destino.

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