13 de Noviembre de 2018

Opinión

Candil del Senado, oscuridad de Mérida

Sé que todo este asunto tan comentado de las luminarias se está resolviendo, aunque tardará algunos meses.

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Hace una semana tuve la agradable visita de amigos provenientes de  Querétaro. Es un placer anticipar la emoción que provoca a los turistas pasear por nuestra ciudad, disfrutar de sus bondades y recibir la calidez suave del trato yucateco. Sólo que esta vez, en el recorrido mi entusiasmo  decayó por la pobre luminosidad de avenidas y calles y sentí pena ajena.

Sé que todo este asunto tan comentado de las luminarias se está resolviendo, aunque tardará algunos meses en quedar concluido favorablemente, gracias al cambio de administración.

Sin embargo, me sigo preguntando la estatura pública de los  integrantes del Cabildo que apoyaron irresponsablemente deprimir la iluminación en Mérida, y con respeto, la edad mental de los implicados en este “oscuricidio”.

En estos tiempos donde la zozobra y el temor son parte indiscutible del sentimiento de la sociedad, disminuir la iluminación en la ciudad es simplemente inexplicable y fuera de razón porque favorece el encubrimiento, vagabundeo y la delincuencia. Promueve acomodos indeseables y crea incertidumbre.

Aplaudo y entiendo los operativos de la Secretaría de Protección y Vialidad para mantener la vigilancia que garantice nuestra seguridad, pero me pregunto qué clase de regidores son aquellos que ponen obstáculos  a su importante labor oscureciendo las calles.

¿Qué razones tuvieron para exponernos a las sombras?  Me parece indispensable como sociedad interesada una explicación al respecto, especialmente en temas tan delicados. No basta ya tan solo con ser propuesto a regidor por algún partido político.

Debemos exigir solvencia moral y ciudadana a los candidatos. Personas enfocadas únicamente en el bien común y la prosperidad, especialmente cuando tienen en sus manos decisiones que, una vez votadas en sesión, se llevan a cabo sin cortapisas y no a sospechosos promotores del desconcierto. Mientras, en la avenida Reforma 135 del Distrito Federal cierta figura parecida a la Xtabay luce y  destella con fuerza representativa federal de esta tierra: “Candil del Senado, oscuridad de Mérida”.

Ardua labor queda aún  a los ciudadanos para ser respetados. Como canta Fernando Delgadillo: “La verdad está en la nación que tenemos; ¿para qué hace tanta falta otra señal?”. Seguiremos atentos. Vaya bien.

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