13 de Diciembre de 2018

Opinión

Cara dura

La oposición al poder siempre será útil, aunque no se acompañe de congruencia.

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El cinismo se ha instalado desde hace mucho tiempo en la política. La desmemoria y la superficialidad de la opinión pública vuelven ineficaz la sanción social, uno de los instrumentos más poderosos de un país para corregir a las personas con poder. Los políticos o gobernantes mienten y nada sucede. Se victimizan sin que haya un auténtico escrutinio. También defienden lo indefendible, razonan lo absurdo y apoyan lo indigno siempre bajo la idea de que no habrá consecuencia y, lo peor, es que pocas veces la hay.

Se requiere tener cara dura para demandar al sucesor lo que no se hizo en el cargo. La oposición al poder siempre será útil, aunque no se acompañe de congruencia. Por ejemplo, es importante que el PAN exija imparcialidad de los delegados federales en los estados, aunque cuando estuvo en el poder muchas dependencias hicieron de sus representantes en los estados agentes del partido en el poder.

Un caso reciente de cara dura la representa el senador Ernesto Cordero, quien en la versión del diario Excélsior promueve un reglamento para disminuir a su sucesor en la coordinación del Senado y someterle a normas de “transparencia”, justamente, lo que no hizo cuando estuvo a cargo de la coordinación. PRI, PAN o PRD o los políticos como Cordero tienen que pasar a la oposición para demandar un cambio que regatearon o no hicieron cuando estuvieron en el cargo.

La verdad es que hay una nueva fórmula de cinismo, aquella que se acompaña de la soberbia moral y se originó con la alternancia en el poder. Como ahora lo reconocen en el PAN, una de sus grandes fallas fue interiorizar muchas de las mañas y malas prácticas del régimen anterior. Por una pretendida superioridad moral se creyó que se podía hacer todo, porque la causa o su promotor eran “buenos”. Se engañaba, malversaba, mentía y golpeaba, porque los “buenos” habían llegado al poder.

Es la hora de cambiar y esto no podrá cobrar realidad y profundidad sin una transformación en las virtudes públicas. Un código ético no muy distinto, pero que al menos ahora tenga un costo ignorarlo.

Twitter: @berrueto

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