24 de Septiembre de 2018

Opinión

Cárceles: un objetivo lejano

Uno de los principales debates mundiales es cómo lograr la finalidad de una pena de prisión, que es la reinserción de los sentenciados...

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Uno de los principales debates mundiales es cómo lograr la finalidad de una pena de prisión, que es la reinserción de los sentenciados a la sociedad de la que surgieron.

El magnífico escritor inglés Oscar Wilde pasó una experiencia carcelaria de dos años en la prisión de Reading, Berkshire, en 1895 y dijo esto: “Los procedimientos empleados en las cárceles son absoluta y totalmente malos. Y yo daría cualquier cosa por poderlos modificar más adelante. Me propongo intentarlo”. 

Es célebre la frase recogida por el ex presidente sudafricano Nelson Mandela, ícono de la lucha contra el apartheid, luego de 27 años de prisión: “Suele decirse que nadie conoce realmente cómo es una nación hasta haber estado en una de sus cárceles”.

La ONU emitió en 2015 las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos, llamadas también “Reglas Nelson Mandela”, documento con el que pretendió establecer un punto de referencia en la búsqueda de la humanización de la justicia penal y la protección de los Derechos Humanos.

El Capítulo 1 de las Reglas Mandela señala que “todos los reclusos serán tratados con el respeto que merecen su dignidad y valor intrínsecos en cuanto seres humanos. Ningún recluso será sometido a tortura ni a otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, contra los cuales se habrá de proteger a todos los reclusos, y no podrá invocarse ninguna circunstancia como justificación en contrario. Se velará en todo momento por la seguridad de los reclusos, el personal, los proveedores de servicios y los visitantes.

Apenas en junio de este año, el Estado Mexicano emitió la Ley Nacional de Ejecución Penal, que se empata con el espíritu de las Reglas Mandela. 

De acuerdo con el World Prisión Brief elaborado por el Instituto para la Investigación en Política Criminal, en relación con su número de habitantes, Estados Unidos se ubica en un segundo lugar de población carcelaria y México en el 74.  Millones de personas en todo el mundo son sometidas a penas de prisión producto de una sentencia, pero también como una medida cautelar y se sabe que muchos Estados no han sido exitosos en acercar sus modelos de prisión a lo que buscan las Naciones Unidas.  Enormes desafíos deberán sortearse para que el modelo vaya acercándose a uno que se considere “socialmente rentable”, es decir, útil para la sociedad y que quienes son sometidos a la pena de prisión puedan reinsertarse positivamente a la misma.

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