15 de Noviembre de 2018

Opinión

Cárdenas después de la reforma

La apuesta del gobierno para verse más cardenista que un Cárdenas fue excesiva y ha endurecido el discurso de Cuauhtémoc.

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A sus 79 años de edad, un cuarto de siglo después de romper con el Partido Revolucionario Institucional, fundar el más importante partido que ha tenido la izquierda en México y haber intentado tres veces ser Presidente de la República, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas presidirá una vez más un acto multitudinario en el que será, según se ha anunciado, el único orador.

En un tema del que parecía haberse apropiado Andrés Manuel López Obrador, con el que intentó resucitar ante la opinión pública Marcelo Ebrard, será Cárdenas quien haga de faro para la resistencia a los cambios constitucionales que ha planteado el presidente Enrique Peña Nieto. En un artículo publicado la semana pasada en La Jornada calificó de “falaz y ofensiva” la intentona gubernamental por escudarse en el discurso de su padre, el general Lázaro Cárdenas, para justificar su propuesta.

La apuesta del gobierno para verse más cardenista que un Cárdenas fue excesiva y ha endurecido el discurso de Cuauhtémoc. 

Los Chuchos, por su parte, leyeron bien las intenciones de sus adversarios al interior de la izquierda y alinearon al fundador a su lado. No son ilusos, saben que el ingeniero no se prestará al grillerío interno; pero, por lo pronto, han resultado aliados cómodos unos de otros. El evento de esta mañana quita fuerza o por lo menos descolora el del domingo 8 de septiembre citado por López Obrador.

Dice mucho de lo que ha sucedido con la izquierda en estos últimos 25 años que sea la voz del ingeniero la que aglutine esta mañana las voces contra la reforma del gobierno. Que haya sido su opinión la que más importara. 
Marginado de la política activa en los últimos años, lejos de la vida partidaria, a veces por voluntad propia a veces por voluntad de otros, esta especie de regreso de Cuauhtémoc como el opositor firme pero racional a la más importante propuesta gubernamental abre la interrogante de si hay un lugar para él en la reconstrucción del perredismo.

Si en medio de chuchos, bejaranos, ebrardistas y otras múltiples tribus hay todavía espacio para los cardenistas. O más bien, si todos ellos, en el fondo, siguen siendo cuauhtemistas, como hace un cuarto de siglo. 

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