18 de Diciembre de 2018

Opinión

Carnaval fallido

En su mejor momento, el nuevo recinto recibió a no más de 60,000, muy lejos de los 200,000 proclamados por la administración.

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El domingo y el lunes asistí a la Feria de X’matkuil II (antes Carnaval de Mérida) y realicé algunas mediciones sobre la cantidad de asistentes. Como consecuencia sé, con toda certeza, que las cifras difundidas por el Ayuntamiento son groseramente falsas y que el número real de participantes se exageró entre un 300 y un 500% según el día.

En su mejor momento, el recinto recibió a no más de 60,000, muy lejos de los 200,000 proclamados por la administración. Aun sin tener en cuenta mis propios datos, la información oficial exhibe que las cifras alegres que se presumen son imposibles. Por sí mismos, los números de vehículos recibidos y de viajes de autobús realizados, sin discutir su veracidad, demuestran una asistencia muy inferior a lo pretendido. Pero eso es secundario.

Más allá de cuántas personas fueron a la feria, muchas de las cuales expresaron su descontento con la nueva sede, lo realmente importante es el tipo de festejo que se realizó. En lo fundamental, se reprodujo lo peor de los años anteriores, manteniendo una clara división entre el público y los participantes. Lo que hace 40 años era un auténtico paseo al que la gente se incorporaba con disfraces, confeti y serpentinas se mantuvo como un desfile, empeorado por el hecho de que ahora se realizó bajo un sol implacable que hizo añorar los árboles de Montejo.

Fuera del desfile, los bailes desaparecieron, con pocas excepciones, y los músicos trabajaron frente a grandes espacios casi vacíos. La convivencia entre los asistentes se redujo al mínimo, restringiéndose al grupo con el que cada quien asistía. La comida se encareció con la casi total ausencia de ambulantes, los tanques de gas ahí estaban y había mucha más cerveza que gente para comprarla. El Carnaval ha sido secuestrado y, en una gala de soberbia e insensibilidad que sus simpatizantes y beneficiarios califican como valentía, Renán Barrera ha anunciado que mantendrá el plagio el año que viene.

No será tan fácil. Por primera vez en décadas, la sociedad hizo sus propios carnavales -participativos, interclasistas, con disfraces, con gritos y con burlas- en Montejo y en varias colonias. Como en Chuburná, atinadamente patrocinado por las regidoras panistas. En un año se verá si esta sociedad puede más que el Ayuntamiento plutocrático.

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