23 de Septiembre de 2018

Opinión

Carnaval y mascarada

Las campañas, que legalmente debería estar dirigidas hacia el interior de cada partido, han caído en tales incongruencias que podría compararse con un carnaval.

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Los ciudadanos dejamos de esperar que los partidos políticos en sus campañas den a conocer sus verdaderas intenciones y su programa de gobierno, si lo tuvieran, a partir del triunfo del spot sobre la propaganda, ya que los vemos incurrir cada vez en más excesos como la “guerra sucia”, basada en la difamación y el infundio más que en  la denuncia, en su empeño por culpabilizar a los demás de todos los males. No obstante, en este principio de campaña, que legalmente debería estar dirigida hacia el interior de cada partido, han caído en tales incongruencias que podría compararse con un carnaval.

Festividad pagana donde todos se disfrazan para olvidarse de lo que son, asumiendo las características externas de lo que les gustaría ser o de lo que quisieran que pensara la gente que son.

Como en el PRI, que en uno de sus spots reconoce la solidaridad entre la gente tras el sismo del 85, sin recordar que ésta surgió por la ineficiencia del Gobierno Federal que ante la tragedia quedó patidifuso, lo que ocasionó que perdieran la administración del DF hasta la fecha.

Sin embargo, mayores excesos que lindan en el cinismo se dan en el PAN, Morena y PRD que incluso ha sido reconvenido por el árbitro electoral.

Como Anaya, del PAN, que pide cárcel para los corruptos cuando el emblema del gobierno de Calderón es la “Estela de Luz”, popularmente conocida como la “Estela de la Corrupción”, donde, a pesar de contar con los elementos necesarios para configurar el fraude, fueron incapaces siquiera de enjuiciar a los fraudulentos; o cuando pretende culpar al Gobierno Federal por la baja en los precios del petróleo que afecta la economía nacional, olvidando que durante el gobierno de Fox los recursos del auge petroleros fueron irresponsablemente dilapidados entre sus redes de corrupción y en los altos sueldos de su excesiva alta burocracia.

O en el caso del PRD y Morena,  cuyos linderos y responsabilidades, lo mismo que su clientela electoral, se entrelazan, pues entre reproches y acusaciones mutuas no alcanzan a encontrar a los responsables del mega fraude de la línea 12 del Metro, de manera que el ex jefe de Gobierno, Ebrard, para defenderse tuvo que pasar los filtros de seguridad escondido en el vehículo de su ex tesorero Delgado, que recién renunció al PRD para afiliarse a Morena.

Y que cuando hablan en su spot de seguridad ponen al secretario de Gobernación como responsable de que falten 22 mil, cuando saben por lo menos por qué faltan 43,  ya que ellos, junto con AMLO, apadrinaron al alcalde de Iguala, responsable directo de la tragedia de Iguala.

Razón por la que AMLO tuvo que cambiar a su candidato a gobernador para guerrero, ya que el que originalmente había designado estaba íntimamente ligado al criminal alcalde.

Graves, muy graves, deben estar las cosas para que los partidos políticos decidan participar en una mascarada electoral, en lugar de hablarle a la gente con la verdad.

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