23 de Septiembre de 2018

Opinión

Casinos

El cuestionamiento de si son una amenaza para la sociedad o son generadores de derrama económica sigue sin resolverse.

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Hace algunas semanas, en mi camino de la casa al trabajo noté que abrieron un nuevo casino en la ciudad. Y a éstos ¿quién les dio permiso?, pensé. El cuestionamiento de si son una amenaza para la sociedad o son generadores de derrama económica sigue sin resolverse y polarizando a las distintas esferas.

Los actores económicos están aferradamente apoyados en el argumento de que los  casinos incrementarían la competitividad de la industria turística y la generación de empleos directos e indirectos.

El modelo de casinos más exitoso que ha existido está en Las Vegas. El dinero fluye y fluye a través de los juegos de cartas y naipes, la ruleta, los dados, la rueda de la fortuna y las máquinas tragamonedas. Todo, les deja algo así como 36 mil millones de dólares anuales. 

Pero bueno, seamos honestos. No es lo mismo jugar en lugares como Las Vegas o Nueva Orleans donde la actividad está controlada y supervisada, que jugar de este lado.

En México los casinos siempre han estado relacionados con el incremento de los problemas sociales y de seguridad. Proliferaron en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa cuando Santiago Creel Miranda, horas antes de que dejara de ser secretario de Gobernación, autorizó más de 400 permisos para la instalación de salas de juego en todo el país.

Aún no está comprobado que esos establecimientos activen la economía o que generen beneficios sociales en los lugares donde operan. Lo que sí se ha visto es que son un nicho atractivo para los delincuentes que aprovechan estos negocios para invertir dinero ilícito como el surgido del narcotráfico, la evasión de impuestos o las recompensas por secuestro. También están estrechamente ligados con los problemas financieros y de salud que los excesos pueden traer al jugador.

Cada persona tiene derecho a escoger en qué actividades puede y le viene bien gastar su dinero. Particularmente, no me es atractiva la idea de enriquecerme fácilmente a través del juego por eso no frecuento estos lugares.
He visto casos donde los apostadores han puesto en riesgo el patrimonio de sus familias.

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