Cassez exhibe a la justicia mexicana

Naturalmente, hay historias absolutamente extravagantes e insólitas.

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Los mexicanos somos descreídos, desconfiados y malpensados. Pues bien, la forma como se imparte la justicia en este país refuerza exponencialmente esa ancestral suspicacia nuestra. De cualquier manera, nada es lo que parece: ni el asesinato de Colosio, ni la muerte de Digna Ochoa, ni el suceso de Zongolica, por mencionar apenas tres casos de una lista interminable. Todo resulta de montajes y conspiraciones. Todo es oscuro. Y, bueno, detrás están los mismos de siempre: los “de arriba”, unos cuantos, que son quienes verdaderamente mueven los hilos.

Naturalmente, hay historias absolutamente extravagantes e insólitas. La fuga del Chapo Guzmán, por ejemplo. Sobre este suceso se han elaborado todas las hipótesis imaginables: lo hubiera dejado ir el mismísimo Gobierno federal, luego de que las partes acordaran un pacto (cuyos beneficios, con perdón, no parecen nada evidentes); lo protege la DEA; vive en Estados Unidos; financia campañas políticas; nunca lo van a volver a aprehender; etcétera, etcétera…

Lo más curioso es que, en muchas ocasiones, la realidad supera la ficción y que no podemos siquiera imaginar las componendas que tienen lugar entre los distintos actores. Ciertos esquemas de defraudación son tan colosalmente sofisticados que merecerían un premio otorgado al ingenio de sus autores. Pero ocurre también que las cosas son… lo que son. Así, nada más. Para mayores señas, yo en lo personal me creo las conclusiones de las diferentes fiscalías que investigaron el homicidio del candidato elegido por Carlos Salinas. Es más, en ningún momento he pensado que el ex presidente tenga nada que ver en el asunto sino, por el contrario, que, de tratarse de un complot, sería en contra de él. Una inmensa mayoría de personas, sin embargo, ya tienen a un culpable designado y no se tragan las versiones oficiales.

Bueno, pues ahora tenemos el desenlace del caso Cassez. No sabemos qué pasó: las víctimas la señalan; los testimonios se contradicen; el proceso estuvo viciado… Lo de siempre, o sea. ¿Hasta cuándo?
 

 

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