24 de Septiembre de 2018

Opinión

Castro Pacheco en el DF

Cobijado por los árboles de la Alameda, el Museo Mural Diego Rivera alberga la muestra 'Fernando Castro Pacheco. Intimidad y poética del realismo yucateco'.

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Para José Díaz Cervera y Jorge Cortés Ancona

¡Soy pintor! Si llego a ser un artista, eso lo dirá el tiempo.- Fernando Castro Pacheco

Con motivo de la  muestra titulada “Fernando Castro Pacheco. Intimidad y poética del realismo yucateco”, acudí al Museo Mural Diego Rivera, amparado bajo los árboles de la Alameda. La exposición me abrió sus puertas como si fuera un regreso al origen primordial.

La curaduría, a cargo de Luis Rius Caso, dividió las obras en 2 ejes temáticos. El primero que abarcó el “Costumbrismo yucateco” nos ofreció un abanico de obra gráfica y acuarelas en el cual se retratan escenas tanto de la ciudad como del campo, pertenecientes a una temprana etapa de producción artística influida por el realismo mexicano, pues todas son expresiones figurativas de corte nacionalista.

“Retratos y maternidades”, el segundo eje, está conformado por figuras femeninas en distintas técnicas, que van desde el óleo sobre tela y las acuarelas, hasta la serigrafía y la escultura en bronce. 

En esta sección prácticamente toda la iconografía femenina se encuentra idealizada y orientada hacia magnificar la virtud de la maternidad.

A lo largo de la exposición también se encontraban exhibidos algunos objetos pertenecientes al pintor, entre los que se encontraban pinceles, óleos y otros materiales, así como un par de libretas de apuntes y bosquejos del año 2013, que fueron las últimas que utilizara antes de que el artista falleciera el 8 de agosto del mismo año.

La muestra fue mesurada en cuanto a cantidad, pero en lo cualitativo residen sus méritos puesto que contribuyó a darnos una breve panorámica del amplio rango artístico de Castro Pacheco, pues sus construcciones atmosféricas a través del dominio del color son sorprendentes, así como su registro como dibujante, grabador, escultor y pintor que utilizó con maestría una variada gama de recursos técnicos a lo largo de su vida.

Con todo, lo que más me llamó la atención fueron un par de xilografías con figuras estilizadas que tendían a la abstracción, La hamaca (1959) y Los frutos (1959), así como un grabado totalmente abstracto con líneas en alto contraste.

Al salir del museo, en un arriate coronado por la copa de un árbol, unos ancianos jugaban ajedrez bajo su sombra. Entre ellos, me llamó la atención uno que vestía una elegante filipina y pantalones caqui, que dibujaba jugadas como si las piezas fueran pinceles y el tablero un lienzo cuadriculado. Quise acercarme, pero lo perdí de vista cuando un globero se interpuso en mi nostálgica mirada...

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