18 de Octubre de 2018

Opinión

Centralizar las elecciones

Los partidos políticos se aferran a la idea de decidir todo en el centro del país, algo que no sólo no acaba con la polémica de los resultados sino que encarece la democracia.

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Son muchas las razones que se apuntan para centralizar las elecciones: económicas, prácticas, confiabilidad y otras más. Treinta y dos institutos electorales locales se ven innecesarios.

En EU el sistema electoral es lo opuesto: no hay propiamente una autoridad electoral federal, cada estado organiza las elecciones a su modo y con sus propias reglas, incluso las presidenciales.

No hay propiamente una burocracia electoral como en México y los resultados son generalmente aceptados, a pesar de que también hay trampas.

El sistema electoral mexicano se ha ido centralizando. La justicia electoral se “federalizó”, ya que todo acto de autoridad se resuelve en última instancia por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación; antes se centralizó el registro electoral y todavía antes las normas sobre los partidos.

Los órganos electorales estatales y del DF intervienen en los comicios de su competencia, pero han dejado un mal sabor y en no pocas ocasiones han perdido credibilidad y confiabilidad por su sometimiento al gobernante de la entidad, como también ha ocurrido con los tribunales locales.

La política se ha ido centralizando; la democratización del poder no pasó por su descentralización territorial. Los tres principales partidos tienen estructuras centrales que se imponen sobre las estatales. El PAN que veía por los estados y municipios dejó de hacerlo. El presidencialismo ha cedido; no así el centralismo.

El tema también está en la opinión publicada, resultado de los escándalos y excesos de algunos gobernadores, aunque mucho de lo que se rechaza de los estados también está presente en el DF.

México es la suma de muchas regiones diferenciadas; uniformar a la autoridad va a contrapelo de la realidad nacional. Las insuficiencias del pacto federal no son argumento para anularlo, sino para actualizarlo. Más centralismo es más despotismo.

Centralizar no acabará con la polémica sobre los resultados de las elecciones, aunque sí aumentará su costo en el orden federal. Lo que se debe pensar es en instituciones electorales para los ciudadanos y no de la interminable desconfianza de los partidos.

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