18 de Septiembre de 2018

Opinión

Chetumaleños por el PAN

Ante la próxima renovación de la dirigencia estatal del PAN, dos políticos chetumaleños, blanquiazules de cepa, se perfilan como los candidatos más fuertes para presidir ese instituto político justo en su mejor momento, ya que cogobierna el estado en alianza con Carlos Joaquín y el PRD.

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Ante la próxima renovación de la dirigencia estatal del PAN, dos políticos chetumaleños, blanquiazules de cepa, se perfilan como los candidatos más fuertes para presidir ese instituto político justo en su mejor momento, ya que cogobierna el estado en alianza con Carlos Joaquín y el PRD.

La presidencia del PAN siempre ha sido un hueso jugoso, pues por lo general sus presidentes se sirven con la cuchara grande en el reparto de posiciones políticas, pero ahora tiene un atractivo adicional al ser uno de los partidos oficiales del actual gobierno y un fuerte contendiente a retornar a Los Pinos.

El próximo dirigente del panismo local tendrá incidencia en la asignación de las candidaturas de 2018, entre ellas cuatro diputaciones federales, dos senadurías y 11 presidencias municipales, lo que no es cosa menor.

Con ese panorama, el ex diputado local, Mario Rivero Leal, y el actual dirigente interino del partido, Juan Carlos Pallares Bueno, están de lleno en campaña para llegar a la dirigencia partidista, que por primera vez en muchos años podría quedar en manos de un chetumaleño.

Las posibilidades de ambos están muy equilibradas, pues Mario Rivero es un panista con amplia trayectoria y ha intentado llegar a la dirigencia en varias ocasiones, gozando de la simpatía de un amplio sector de la militancia, incluidos algunos de los principales cuadros del blanquiazul.

Fue también uno de los primeros panistas en sumarse a la causa de Carlos Joaquín González, jugándosela en su proyecto desde el principio, lo que sin duda es un plus para su causa.

Por su parte, Juan Carlos Pallares Bueno tiene a favor ser integrante del grupo del actual dirigente nacional, Ricardo Anaya Cortés, además de que mantiene una estrecha relación con el ex dirigente Eduardo Martínez Arcila, quien dejó el cargo al asumir la presidencia de la Gran Comisión en el Congreso local.

Todo indica que la lucha por el control del PAN se librará en el sur, lo que es positivo para el partido blanquiazul que tradicionalmente ha concentrado sus fuerzas en el poderoso norte, minimizando su presencia en los municipios sureños.

Con las nuevas condiciones del panismo revitalizado por la victoria joaquinista y con la posibilidad de que un chetumaleño como Mario Rivero o Juan Carlos Pallares quede al frente, el partido puede fortalecer su estructura en esta parte de la entidad, nutrir la caballada y prepararse para los retos que vienen en 2018.

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