24 de Septiembre de 2018

Opinión

Ciber-desastres

Por una módica cuota, ese tipo de negocios empezó a rentar cuartos enteros con mejores maquinarias, algo quizá nunca visto en Mérida y en todo Yucatán.

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Definitivamente, los llamados ciber-cafés no son ya lo que eran antes. Hasta hace unos años, dichos lugares eran centros de reunión de camaradas y, claro, de los novillos y novillonas que se escapaban un rato del acecho familiar para decirse, por medio del Internet, cuánto se querían. Pero todo quedaba allí, a menos que alguien dejara escapar suspiros al espectro electrónico y digital.

Pero los tiempos avanzaron y los abusados del negocio del ciber-café decidieron que los magros resultados de la economía mexicana y, en especial, de la yucateca, no generaban las ganancias suficientes y optaron por meterle dinámicas de otro sentido a esos sitios.

Por ejemplo: no vender sólo café, también cerveza y licor; si alguien quería golosinas, pues nada mejor que los “besitos de chocolate” y de allá comenzaba la picazón cibernética.

Resulta que los espacios donde están las computadoras se volvieron “tallas XL”, digo, para que los internautas, “facebookeros”, “twitteros” y cuanta red social se invente, tuvieran más chance de meter mejor las manos en… el teclado de las computadoras. Es por eso que los clientes de los ciber-cafés no se apartaban de allí; por unos cuantos pesos la pasaban mejor que en cualquier bar, cantina y hasta restaurante de medio pelo.

Pero las cosas todavía se pusieron mejor. Por una módica cuota, ese tipo de negocios empezó a rentar cuartos enteros con mejores maquinarias, algo quizá nunca visto en Mérida y en todo Yucatán.

Sí, aunque ustedes, cibernautas y guerreros de las redes sociales, no lo crean, surgieron las “camas-twitter”, o sea, un espacio suficientemente grande donde los clientes subían de calentura los muros de Facebook y reventaban de pasión las cuentas twitteras.

Algo así como el “prau prau” de alta tecnología. Ni en nuestros más remotos sueños digitalizados.

Sin embargo, a la par de ese tipo de innovadores ciber-cafés, también empezó el arribo de personas nada gratas para el “bistec” que ya generaba las ganancias que, con anterioridad, estaba muy aguado, precisamente como el café soluble y de mala calidad que expenden los propietarios o encargados.

Y comenzaron los pleitos con resultados, por supuesto, nada positivos. La semana pasada, en un negocio de los mencionados, ubicado en el céntrico barrio de San Juan, uno de los encargados fue asesinado.

Unas versiones indican que fue acuchillado y otras que fue estrangulado. Las autoridades policiacas hicieron su labor, y detuvieron a los criminales, quienes confesaron que el móvil fue el robo de 8 mil y pico de pesos.

PRIMERA CAIDA.- Las autoridades gubernamentales y municipales que se dediquen a expedir permisos para la apertura de los ciber-cafés tienen que vigilar que existan más computadoras que cuartos de “entretenimiento” sexual-digital.
SEGUNDA CAIDA.- Proceder a clausurar ese tipo de giros, cuya licencia es para “navegar” no para “planchar”.
TERCERA CAIDA.- Y así evitar tragedias que no son digitales; son de carne y hueso.

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